
Antecedentes:
"La manera de un tapiz recio y apretado, en que el sentido y la unidad del dibujo depende de la trabazón hermética de todos sus hilos. Arrancar por entero uno de ellos o cortarlo en su camino, se deja truncar o en desvanecimiento la imagen que se quiso reproducir. Ya el tejido no tiene la firmeza deseada, ni la obra de arte la necesaria armonía, y todo el trabajo amenaza parar en inservible hilacha. ¿Qué ha sido, sino un tapiz inconcluso y deforme el que en buena parte exhibieron los estudiosos de nuestro pasado hispanoamericano? Porque iniciar automáticamente la existencia de estos pueblos con el año 1810, poniendo en voluntario olvido trescientos años de vida social en que forjaron las bases culturales de todo el continente, es dejar sin sentido el curso de los hechos, esconder el punto de convergencia familiar de veinte naciones, entregando a las generaciones futuras una visión incompleta y adulterada de la historia".
Este pensamiento fue recogido durante un curso de Historia del Tucumán dictado por el profesor Rodolfo Cerviño organizado por el Instituto Tucumano de Cultura Hispánica en 1968.
En esta entrega trataré de convertirme en un artesano para rearmar este tejido hilvanando los hilos desprendidos para dar vida desde el momento mismo cuando se marcaron por primera vez las huellas los españoles en las playas de América, aquel 12 de octubre de 1492.
Allí comenzó a escribirse la historia del Nuevo Continente mediante los documentos escritos por quienes se habían reclutado en las gradas de la Catedral de Sevilla o de la Lonja de Contrataciones de España. Entre los interesados en participar de los viajes a las "Indias" se encontraban: aventureros; personajes de jerarquía en la milicia; de otras clases sociales e hidalgos apremiados económicamente.
Después de los descubridores llegaron conquistadores y apasionados misioneros vinculados a diversas Órdenes Religiosas y hasta santos como san Francisco Solano quienes informaron al reino de Castilla lo que sucedía en estas tierras hasta entonces prácticamente desconocidas en el Viejo Mundo.
El diario de viaje de Cristóbal Colón, escritos y testimonios de conquistadores y miembros del clero sirvieron para que, oportunamente, el cronista mayor de Indias Antonio de Herrera, en 1601, comenzara a publicar la primera parte de historia general de los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del mar Océano. Esta obra conocida como "Décadas" dio a luz en 1615. Por su parte, Antonio de León Pinelo, limeño, trabajó la recopilación de leyes de las Indias y en el primer catálogo bibliográfico sobre América, editó en 1658; mientras que años después Antonio de Solís, escribió la Historia de la Conquista de México.
Desde el primer momento los autores de estos escritos pertenecieron a dos grupos francamente diferenciados: los que habían estado en América y hacían conocer sus experiencias personales conseguidas en el ambiente familiar y social americano y los que prepararon sus propios trabajos recopilando la información a través de las noticias de otros, por medio de relatos y lecturas de escritos oficiales o privados, sin haber estado nunca en el continente americano.
No debe de olvidarse los nombres de aquellos españoles que participaron en dejar sus testimonios sobre la América Hispana como: Hernando o Fernando Colón, hermano del descubridor, autor de una "Historia del Almirante Don Cristóbal Colón"; Gonzalo Fernández de Oviedo ("Sumario de la Natural Historia de las Indias"); Pedro Martín de Anglería ("Décadas de Orbe Novo"); Pedro de Alvarado ("Cartas relaciones a Hernán Cortés"); Bernal Díaz de Castillo ("Historia verdadera de la conquista de la Nueva España"); Francisco Gómez de Gómara ("Historia de las Indias"); Fray Bartolomé de las Casas ("Apolo-gética Historia", "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" e "Historia de las Indias"); José de Acosta ("Historia Natural y Moral de las Indias"); Fray Diego de Landa ("Doctrina cristiana en lengua maya"); Fray Bernardino de Sahagún ("Historia General de las cosas de Nueva España") y Fray Jerónimo de Mendieta ("Historia Eclesiástica Indiana"), entre otros.
Dentro de los americanos cabe destacar a Garcilaso de la Vega, el Inca ("Comentarios Reales", "La Florida del Inca"); Felipe Huaman Poma ("Nueva Crónica y buen Gobierno") en idioma que se mezcla de castellano y quichua; y Juan Rodríguez Freile, santafesino ("Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, de las Indias Occidentales del Mar Océano").
El "del reyno Tucma"
En tiempo de los incas se conocía con el nombre de "reyno del Tucma" a esta región de la República Argentina cuyos límites "se encontraban desde el extremo Norte de la actual provincia de Jujuy hasta la provincia de San Juan al Sur, y desde la Puna y la Cordillera de los Andes al Oeste, hasta los llanos de Salta, Santiago del Estero y Córdoba", tal como lo puntualizara la profesora Estela Barbieri de Santamarina durante el curso oportunamente consignado.
Esta demarcación estaba habitada por Calchaquíes, Diaguitas, Atacamas, Omaguacas, Tonocotés, Lules, Vilelas, Vejoses, Mataguayos, Juríes, Sanavirones, Comechingones y Nolagasta, entre otros pueblos aborígenes. Cabe aquí consignar que cada uno de ellos tenía su dialecto y a raíz de ello no podían comunicarse entre ellos pese a la pequeña distancia que los separaba de cada asentamiento.
Quien ingresó por primera vez a este territorio fue una expedición conducida por Diego de Almagro, en 1533, cuando se dirigía a Chile procedente de Cuzco su ruta la hizo a través de Chicoana Angastaco y Tolombón, solares que hoy pertenecen a la provincia de Salta.
Posteriormente llegó a esta región por la Quebrada de Humahuaca el capitán Diego de Rojas, en 1543, quien se encontró con la muerte en manos de los indígenas en tierras de Santiago del Estero.
Mucho después en 1563 la Corona ordenó la creación de la Gobernación del Tucumán dependiendo a la Audiencia de Charcas.
El primer historiador de Salta
En 1577 el rey Felipe II designó al Licenciado Hernando de Lerma Gobernador del Tucumán quien demoró dos años en asumir a sus funciones por carecer de recursos para sufragar los gastos del extenso recorrido hasta Santiago del Estero, donde tenía por sede la gobernación. Al llegar a Potosí los oficiales realistas le otorgaron una ayuda económica para que pudiera cumplir con el mandato.
El 16 de abril de 1582 se funda la ciudad de Salta. Entre los presentes se encontraba Ruy Díaz de Guzmán, conquistador, que inmortalizó su nombre como primer historiador mestizo nacido en el Río de la Plata. Fue alguacil de Salta y fundó diversas ciudades, como Santiago de Jerez y San Pedro de Guzmán, y llegó a alcalde de primer voto en Asunción.
A él se le debe "La Argentina" (1612) la primera historia perfectamente orgánica y estructurada, una narración cronológica y temática, fruto de un esquema de trabajo paciente y riguroso. Fue además el primero en utilizar el topónimo: Argentina. Esta obra permaneció inédita hasta el año 1835.
En 1589, cumpliendo sus tareas apostólicas, recorrió comarcas y pueblos de Salta el fraile Reginaldo de Lizárraga - cuyo verdadero nombre es Baltasar de Obando- religioso dominico e historiador español, nacido en Medellín (Badajoz) hacia 1540. Se desempeñó como visitador de los conventos dependientes de la provincia dominica del Perú "San Lorenzo Mártir". Fray Lizárraga escribió entre otras cosas "Descripción breve del reino de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile".
En esta correlación del origen de Salta, en el campo de la historia, no podemos dejar de lado al notario Rodrigo Pereira, quien testificara las actas fundacionales de Salta (1582) y Jujuy (1593), cuyas escrituras son "un foco luminoso del pasado histórico".
Los Nombres

Dr. Luis Güemes
Corriendo las hojas del almanaque son numerosos los estudiosos e investigadores que aportaron su trabajo a las diversas corrientes científicas:
José Antonio Arias Rengell e Hidalgo: Cronista del siglo XVIII. Autor de varios libros. José Manuel Arias Cornejo: Doctor en jurisprudencia; investigador de nuestro pasado especialmente a la fundación de Salta publicando sus trabajos en revistas especializadas de contenido científico e investigativo. Cleto Aguirre: Médico. Catedrático de la Universidad de Buenos Aires. Creador del Instituto de Anatomía Patológica. Juan Martín Leguizamón: Investigador, Arqueólogo y Escritor. Guillermo Aráoz: Investigador. Dr. Luis Güemes: Médico, Historiador y Científico. Alberto Alvarez Tamayo: Abogado, investigador histórico ciencias geográficas, matemáticas y topografía. Ricardo Aráoz: Médico, investigador. Pbro. Cloromiro Arce: Sacerdote, Investigador realizando exploraciones geográficas y arqueólogicas. Felipe R. Arias: Abogado, especialista en cuestiones limítrofes y publicó temas vinculados a la historia y jurísprudencia. Víctor J. Arias: Ingeniero Civil, investigador y estudioso de los yacimientos arqueológicos de los valles calchaquíes. Vicente Arias: Abogado, investigador histórico fundando la Junta de Historia de Salta y propiciador de la primera Reunión de Historia del Noroeste. Francisco Javier Arias: Médico, investigador sobre temas científicos. Ernesto Miguel Aráoz: Escritor, periodista, historiador. Dr. José Antonino Cornejo: Médico e investigador. Raúl Augusto Cortazar: folclorólogo, investigador.

Raúl Augusto Cortazar

Arturo Oñativia
Los Maestros:
Mariano Zorreguieta, Francisco Centeno, Miguel Solá, Bernardo Frías, Ricardo Solá, Mons. Julián Toscano, Ernesto Miguel Aráoz, Rafael Patricio Sosa, Atilio Cornejo, Mons. Miguel Angel Vergara, Severo Cáceres Cano, Teresa Cadena de Hessling, Pbro. Arsenio Seage S.D.B., Fernando Rufino Figueroa, Luis Oscar Colmenares, Prof. Olga Chiericotti,

Dr. Atilio Cornejo
Generación Intermedia:
Gaspar Javier Solá Figueroa, Julio César Jovanovics Usandivaras, Juan Manuel de los Rios, Adolfo Figueroa García, Roberto García Pinto, Julio Leederer Outes, Pastor López Aranda, Francisco Uriburu Michel, Andrés Mendieta, Paulino Arroyo, Carlos Ibarguren, Antenor de Peñalva Torino, Roberto Vitry, Carlos Reyes Fajardo y Carlos Gregorio Romero Sosa, Roque Manuel Gómez, Luisa Miller Asrrada, Oscar Cornejo Torino, Ercilia Navamuel, Inés Garrido de Solá, Rogelio Saravia Toledo, Luis Arturo Torino, Ricardo Federico Mena, Gregorio Caro Figueroa, Magdalena Barreiro de Mónico, Luis María Mesquita Errea, Margarita Fleming de Cornejo y Miguel Angel Basombrío.

Dr. Bernardo Frías
Nuevas Generaciones:
Florencia Cornejo
Marta de la Cuesta Figueroa
Federico Prémoli
Lilia E. Pérez de Arévalo
Esther María Torino
Guillermo Solá Pereyra Rosas
Eulalia Figueroa de Freytes
Miriam Corbacho
Christian Vitry
Raquel Adet
Rafael Gutierrez
Jorge Virgilio Núñez
Diego Cornejo Castellanos
María Cristina Fernandez
Telma Chaile
Violeta Herrero
Rodolfo Leandro Plaza Navamuel
José de Guardia de Ponté
Teresita Gutierrez
Mónica Sanchez
Ernesto Bisceglia
CIENCIA Y TÉCNICA
PROPUESTAS Y ESTRATEGIAS PARA SU
DESARROLLO EN LA PROVINCIA DE
SALTA
“Los usos, las tradiciones, el lenguaje, las obras de arte, las ciencias, son cauces de
mediación entre los hombres, tanto entre los contemporáneos como en perspectiva
histórica, ya que, en cuanto son transmisores de verdad, de belleza y de
conocimiento recíproco, hacen posible la unión de voluntades en la búsqueda
concertada de soluciones a los problemas de la existencia humana y de orientar así
el progreso científico-tecnológico de nuestros días hacia metas íntegramente
humanas”.
Juan Pablo II (Karol Wojtila)
El Estado Nacional y los Estados Provinciales deben asumir la responsabilidad de ordenar el
sector científico y técnico; recuperar y rehabilitar la capacidad instalada; poner al sector en el
nivel jerárquico que corresponde abriéndolo a todas las instituciones, grupos e individuos
vinculados o motivados por esta tarea.
Asumida la responsabilidad y la decisión política, cabe asignar al sector científico y técnico una
efectiva prioridad en materia presupuestaria aún en las peores condiciones socioeconómicas;
formar recursos humanos útiles y calificados para la investigación científica y tecnológica y
establecer una política de integración entre las provincias de la región a los fines específicos.
En nuestra provincia, y pese a la crisis o a propósito de ella, debemos promover carreras de
investigador científico y tecnológico; garantizar la efectiva participación de profesionales,
técnicos, trabajadores y usuarios en la planificación, conducción y evaluación de los programas
de ciencia y técnica en los aspectos docentes y de investigación; articular los sectores y
subsectores dedicados a la ciencia y a la técnica; redistribuir los recursos humanos para fines
concretos de investigación científica y técnica; recuperar científicos y técnicos.
Es necesario preservar, en un contexto de federalismo político y de federalización intelectual, la
autonomía provincial en la toma de decisiones estableciendo proyectos y programas vinculantes
entre instituciones, grupos o individuos a nivel local y regional y responder, en todo caso, a las
necesidades concretas. Aún en bonanza y sobre todo en las crisis, se impone asignar el
presupuesto con aplicación racional y concentrada, evitando dispersiones, superposiciones y
despilfarros, basándose en la probidad y la confianza mutua sin dejar por ello de auditar, evaluar
y ejercer un adecuado contralor de gestión en la ejecución de dicho presupuesto.
Le compete al Estado en un marco de participación insoslayable, desestimar en términos
generales y particulares, aquellos planes de investigación no vinculados con las necesidades y
realidades de la provincia y de la región; relevar planes, programas y proyectos; establecer las
políticas y los recursos para el planeamiento de la investigación y aplicación de productos de la
actividad científica y técnica; ejercer la coordinación centralizada de planes y programas,
promover convenios para proyectos y trabajos para fines específicos.
El quehacer científico y técnico de la provincia debe ser difundido permanentemente a la
comunidad para mejorar el nivel y la calidad de sus propias actividades a través del periodismo
científico en diarios, televisión, radio, redes informáticas y encuentros comunitarios directos
especialmente en los niveles educativos primario, secundario y terciario, permitiendo, en todos
los casos, el libre acceso a la información, a sus fuentes y un banco de datos científico-técnico.
Todas las metas en el área de la ciencia y de la técnica se alcanzan a través de largos y
laboriosos procesos y el uso considerable de recursos; los logros no suelen ser espectaculares en
el breve plazo pero al igual que la cultura, la ciencia y la técnica son las llaves maestras que
abren las puertas para el desarrollo humano y aumentan en forma creciente y sostenida el nivel y
la calidad de vida de las personas y de la sociedad misma.
Aún con escasos recursos conviene y es impostergable investigar, desarrollar y aplicar
tecnología idónea y adecuada y concretar programas científicos y técnicos en las áreas de salud,
educación, vivienda, energía, alimentación y comunicaciones, incentivando la expansión de la
actividad apoyando la articulación y la cooperación interprovincial, regional e interregional. Es deseable y factible crear una cantidad adecuada de centros científicos y técnicos multifacéticos
que coordinen y ejecuten proyectos en estrecha colaboración humana y tecnológica que logren
aplicar sobre todo métodos y técnicas.
La cooperación científica y técnica así planteada debería estar coordinada por una Secretaría de
Estado de Ciencia y Técnica, con un consejo provincial y comisiones permanentes de estudio,
valoración y supervisión con expertos calificados en temas particulares. Los planes preliminares
se envían a los institutos y al Consejo Provincial de Ciencia y Técnica donde se discuten,
corrigen y perfeccionan.
Así las cosas, la Secretaría de Estado de Ciencia y Técnica está habilitada para calcular las
inversiones necesarias y sugerir ayudas concretas. Los desarrollos de la investigación científica
y técnica deben pensarse con calma, antelación y ponderación en el juicio utilizando una amplia
y confiable información recíproca. Hay que estar dispuesto a otorgar ayudas financieras para
resolver problemas reales que no se hallan dentro del plano de atención diaria e incentivar, al
mismo tiempo, estudios sobre problemas teóricos de alto nivel; son responsabilidades
indelegables que deben formularse por los menos dos años antes de su ejecución para, entre
otras cosas, seleccionar personal y organizar unidades de investigación.
La organización del área de ciencia y técnica requiere unificación del financiamiento con un
presupuesto único; estructuras orgánicas y funcionales apropiadas y sencillas, abiertas,
dinámicas, flexibles, intercambiables, autárquicas; programas integrados y específicos;
democratización de la conducción política y técnica; programación y asignación de recursos por
proyectos; recursos humanos propios, adscriptos, transitorios e intercambiables;
descentralización en lo ejecutivo; carrera del investigador científico y técnico provincial
integrando trabajo, docencia e investigación; prestaciones de servicios técnicos, asesoramiento,
utilización de tecnología por terceros; evaluación y monitoreo de la consecución de las metas.
En suma, el sistema científico y técnico se integra por niveles que aseguren accesibilidad,
calidad, eficiencia, participación, satisfacción, integración de proyectos y descentralización
ejecutiva.
Los programas de investigación, de asistencia técnica, de capacitación de recursos humanos, de
programas de cooperación deberían integrar, en nuestro medio, la capacidad laboral creativa y
de infraestructura y equipamiento de las instituciones de enseñanza superior, terciaria y
secundaria; el objetivo es modificar el saber con ópticas nuevas mostrando el panorama a las
juventudes e instaurando una mayor movilidad de estudiantes, profesionales, docentes e
investigadores reformulando el mito de la centralización creativa, ordenadora y decisoria de
muchas de nuestras instituciones. Se necesita concitar la diversidad creativa bajo una unidad de
concepción política y de mercado incentivando, al mismo tiempo, investigaciones particulares
en que se asocien investigadores, técnicos y estudiantes.
El objeto de la ciencia y los medios para auxiliarla se hallan íntimamente asociados y en muchos
aspectos los últimos influyen y a veces gobiernan al primero. La investigación debe ser
fomentada y desarrollada en cualquier ámbito (universidades, escuelas, industrias, fábricas) y
necesita encontrar eco en los presupuestos para el financiamiento global de múltiples
actividades.
Ciencia y técnica son cuestiones de suma importancia para pueblos y gobiernos. El quehacer
debe poner énfasis en la investigación básica, aplicada y de desarrollo dándole al recurso
humano científico y técnico estabilidad, jerarquía, buenas remuneraciones y poder. Se deberían
apoyar los proyectos y los programas que auspician las instituciones cualificadas y acreditadas
más bien que a las instituciones mismas asegurando el empleo efectivo de la financiación de
manera tal de que cumplan los objetivos y se fortalezcan los fundamentos de la ciencia misma.
La investigación científica y técnica tiene importancia social, cultural, económica y política y es
el eje de la cultura posmoderna; tiene decisiva importancia en términos de desarrollo humano.
Todo plan de desarrollo integral debe incluir un proyecto de ciencia y técnica cuyo modelo debe
ser endógeno, es decir, planteado en términos de política provincial y nacional.
El estado y la actividad privada tiene la obligación de mejorar la enseñanza de la ciencia y de la
técnica, acrecentar el prestigio de los investigadores, estimular a los jóvenes para que accedan a
actividades científicas y técnicas, desalentar, aunque les pese a algunos, las carreras
profesionales tradicionales; apoyar la formación de profesionales y técnicos en disciplinas
apropiadas, avanzadas y duras; establecer una red de educación científica y técnica en los tres
niveles educativos.
Conocer y saber hacer es el desafío de nuestro presente si no queremos retornar a un pasado
pastoril descendiendo en caída libre por fuera del mundo.
Leandro Strejilevich
Estas líneas han sido reelaboradas y abreviadas. Se publicaron en su texto original en El
Tribuno Revista, págs. 11 y 12 de la edición del domingo 19 de mayo de 1991.
Algunas cuestiones interesantes de nuestra intelectualidad:
UNA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL ATENEO POPULAR DE LA BOCA EN LA SALTA DE 1945 Y EL RECIENTE LIBRO BILINGÜE DE UN ATENEISTA POETA
Por Carlos María Romero Sosa
La que sigue es una historia, una pequeña historia de afanes culturales juveniles, corporizados en la creación de una entidad cuyo objeto principal -en forma notable por lo cordial y desinteresada- lo constituía homenajear a otra, ya por entonces de larga y prestigiosa actividad cumplida en una distante ciudad de la de aquella que iniciaba su existencia. En efecto, pocos tal vez conocerán al presente que al promediar la anterior centuria, un grupo entusiasta de miembros del porteño Ateneo Popular de la Boca, residentes por diversos motivos en la capital de la Provincia de Salta, aunaron esfuerzos para hacer realidad la iniciativa de un veinteañero consocio y trasplantar en tan hispana, tradicional y norteña urbe, algo de los aires marineros y la coloratura barrial de estética inmigratoria, capaces de dar eco apropiado a las sesiones del Ateneo boquense, a un tiempo académicas y bohemias.
La profesora Eugenia Cincioni, actual presidenta del Ateneo Popular de la Boca, nos instó desde tiempo atrás a investigar las circunstancias de aquella historia sobre la que teníamos vagas noticias y el inagotable semillero de datos que constituyen las decenas de cajas del archivo epistolar paterno, nos permite acercar ahora esta cronología, quizá en algo clarificadora del tema.
****
Hacia 1939, Carlos Gregorio Romero Sosa comenzó a participar de las actividades del Ateneo. Nacido en 1916, contaba entonces con 23 años de edad; por lo que el vínculo con el Ateneo se inició apenas llegado a Buenos Aires para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires -después de un rápido paso por la de San Miguel de Tucumán- y trabajar en el Congreso de la Nación como secretario de su comprovinciano el Senador Nacional doctor Carlos Serrey.
No cabe duda que de entrada nomás se consubstanció con el espíritu de la institución fundada el 5 de diciembre de 1926 por Antonio J. Bucich, con quien había comenzado a cartearse desde algún tiempo antes mientras aún vivía en Salta.
Pronto al “affectio societatis”, sumó la gratitud por los espaldarazos recibidos en el seno ateneísta hacia sus iniciales pasos en las letras, la historiografía regional y nacional y las ciencias del hombre bajo el magisterio y la guía del sabio naturalista y antropólogo José Imbelloni.
Provenía ese aliento de otros asociados bastante mayores en edad que él, como el diplomático, escritor y poeta Enrique Loudet que ya en 1938 lo incorporó como miembro honorario a la Asociación Cooperadora de Concordia Americana que presidía, de los historiadores Francisco L. Romay, José Carlos Astolfi y Enrique de Gandía, del humanista y médico psiquiatra Hernani Mandolini, del novelista, pintor y guionista cinematográfico Joaquín Gómez Bas o del jurista y criminalista Francisco P. Laplaza, todos altamente prestigiosos ya en sus respectivas actividades. A esos nombres cabe sumar el de Benito Quinquela Martín que tanto afecto le demostró, sentimiento del que da cuenta la fotografía del pintor donde luce recostado sobre un caballete y que con una conceptuosa dedicatoria conservó mi padre hasta su muerte enmarcada en un rincón preferencial de su escritorio.
Súmese que tanto Quinquela Martín como Loudet, tenían además largo vínculo con el profesor Policarpo Daniel Romero, padre del joven salteño del que los nombrados mucho celebraron su incorporación en calidad de socio activo del Ateneo boquense. Pero aparte de éstos últimos que igual que a los antedichos consideró siempre guías espirituales, tuvo oportunidad, en la antigua sede de Almirante Brown 789, de entablar vínculos de duradera camaradería con varios prometedores miembros de su misma generación, como el músico, musicólogo, crítico e investigador literario doctor Jorge Oscar Pickenhayn, nacido en 1921, con José Gobello de 1919 y con el periodista y poeta rosarino Domingo V. Gallardo de 1917.
En 1941, al aparecer en Buenos Aires su libro de sonetos “El cantar del crepúsculo” , el Ateneo le otorgó en acto público la distinción de un diploma y una medalla y no faltó mucho para que iniciara su colaboración con artículos firmados en una de las cuatro revistas que a lo largo de su trayectoria editó la institución: Pórtico, aparecida entre 1941 y 1946 y de la que vieron la luz 16 números .
El 15 de mayo de 1944, debido sin duda a su pasión de bibliógrafo y a su diligencia reconocida por el resto de la membresía, una nota mecanografiada suscripta por el Presidente, Constancio Fiorito y el Secretario General, Rogelio Calabrese Lionetti, le comunicaba haber sido nombrado Bibliotecario y Miembro de la Sub Comisión de Biblioteca, integrada además por Antonio J. Bucich, Juan M. Zanchetti y Oscar P.L. Camisasca . Desde esa época ya venía actuando conjuntamente con Francisco L. Romay, en calidad de secretarios ambos de la Comisión de Historia y Numismática de la Boca del Riachuelo que presidía el profesor Juan Canter y cuyos actos auspiciaba el Ateneo. Así lo testimonia la publicidad del homenaje al 75 aniversario de la creación del Juzgado de Paz de la Boca anunciado para los días 25 y 26 de agosto de 1945 y celebrado en su ausencia por haberse trasladado desde meses atrás a la ciudad de Salta, designado para organizar el Museo Histórico Nacional y de Bellas Artes del Cabildo .
En otra correspondencia en este caso privada y manuscrita de Bucich su amigo y el alma de la entidad boquense, fechada el 7 de mayo de 1945 y dirigida a Salta dadas las tareas anotadas de Romero Sosa en el Museo del Cabildo y como corresponde a todo emprendedor debiendo batirse en sus funciones contra pequeñeces y envidias, el autor de “Luchas y rutas de Sarmiento” dejó consignado en uno de sus párrafos iniciales, demostrativos de la valoración en que era tenido el destinatario por parte del remitente, así como también reveladores de la captación por parte Bucich sobre la estrechez del medio en que aquél actuaba: “En cuanto a sus actividades las apreciamos intensas, aunque no tanto. Leímos en los diarios notas sobre el Cabildo de Salta y nos extrañó no ver aparecer su nombre. Injusticias como estas irritan y nos reafirman en la posición de que Ud. debe volver a Buenos Aires.” Y más adelante le confidenció: “Director de “Pórtico” lo he nombrado a Pickenhayn. Si Ud. hubiera estado aquí, iba a ese cargo.”
Sin duda tales muestras de afecto y reconocimiento intelectual debieron actuar en el ánimo de Romero Sosa para llevar a cabo en la ciudad fundada por Hernando de Lerma al pie del cerro San Bernardo y en calidad de tributo al Ateneo Popular de la Boca, la creación allí de una suerte de subsede o filial de la institución bajo la denominación de Pórtico de Amigos del Ateneo Popular de la Boca en Salta. La iniciativa fue bien recibida en la sociedad madre, sobre todo al conocer por su información remitida a la presidencia el 27 de julio de 1945, que los propósitos de Pórtico eran, entre otros, hacer una propaganda intensa por el Ateneo Popular de la Boca a través de esa misma asociación de “Amigos del Ateneo Popular de la Boca en Salta”, con la colaboración de los miembros correspondientes ingeniero Rafael P. Sosa y doctor Atilio Cornejo e impulsar diversas actividades culturales dentro de la Provincia. Dio cuenta asimismo en su informe que a esa altura, Pórtico se estaba abriendo camino dentro del ambiente y que su Mesa Directiva se componía así: Presidente: Profesor Arístides J. Montero; Vicepresidentes: Profesor Oscar P.L. Camisasca y Sr. Alejandro Gumucio Harriet, Cónsul en Salta de la República de Chile y ferviente sanmartiniano de lo que da cuenta su “Elogio al General San Martín” pronunciado en el Rotary Club Salteño en 1944 y autor entre otros trabajos en materia musicológica de “La música en Chile en la primera mitad del siglo XIX”; Secretario General: Profesor Carlos Gregorio Romero Sosa; Secretarias: señoritas Nelda Palermo y Blanca Nelly Fernández Cardona; Prosecretario: señor Ramón Horacio Cortéz; Tesorero: Rodrigo A. Montero, además de 23 vocales.
Pero no quedó todo en papeles con nombres y cargos para la figuración. Pórtico comenzó a llevar a cabo eventos culturales varios, difundidos en los diarios locales como La Provincia –decano de la prensa salteña- dirigida por Guillermo Villegas. Consistieron ellos, por ejemplo, en los sendos ciclos de charlas a cargo, uno de Gumucio Harriet sobre música de los pueblos antiguos (Oriente, Grecia y Roma), de la Edad Media y del Renacimiento, y otro de Oscar P. L. Camisasca sobre Beethoven , en variadas conferencias sobre temas históricos como la disertación del propio Romero Sosa: “El momento histórico del Congreso de Tucumán”, ofrecida el lunes 16 de julio de 1945 u otra charla suya dedicada a la poesía de Raúl Aráoz Anzoátegui. Las reuniones se celebraban en el salón de actos del Convento de San Francisco y al menos dos veces por semana, durante meses, apareció el nombre de Pórtico en La Provincia, como lo hemos constatado al consultar la colección del matutino existente en la sección Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
De particular interés para el tema tratado, resulta la noticia dada en la edición del periódico del martes 3 de julio de 1945 bajo el título: “En Pórtico disertó el Sr. A. G. Harriet”, que dice a continuación: “Como estaba anunciado, Pórtico inició ayer sus actividades culturales dentro de nuestro medio. Una calificada concurrencia llenaba el salón de actos del convento de San Francisco, notándose la presencia de destacados valores de las artes y de las letras. Abrió el acto el señor Carlos Gregorio Romero Sosa, refiriéndose a la obra que cumplen los ateneos y aplaudiendo a la idea de constituir el Ateneo Popular de Salta, de la misma manera que se ha constituido el Ateneo Popular de la Boca del Riachuelo del cual es filial Pórtico. Solicitó la cooperación moral de “Estímulo al Arte”, “Amigos del Arte”,“Unión Salteña” y otras tantas entidades culturales del medio, a fin de poder cumplir una tarea colectiva beneficiosa para el mayor desarrollo de las actividades culturales del medio. Por último sintetizó el programa a cumplir por la entidad, vertiendo elogiosos conceptos sobre la finalidad y la obra de los señores Alejandro Gumucio Harriet, Oscar P.L. Camisasca y Rodrigo A. Montero, quienes tendrán a su cargo el desarrollo de un ciclo de conferencias sobre historia de la música. El discurso del señor Romero Sosa cosechó unánime aprobación.”
De manera curiosa y por cruzarse la correspondencia, se anticipó la pieza oratoria sobre la poética de Aráoz Anzoátegui al amistoso pedido de éste formulado en carta dirigida desde Buenos Aires el 28 de agosto de 1945: “Espero tu juicio sobre “Tierras altas”. Hazlo como si juzgaras versos tuyos.” Sucedió que el comentario crítico requerido, acababa de llevarse a cabo y de manera pública, aunque no con referencia a ese poemario que no había aún llegado a manos del comentarista sino a las primeras composiciones de Aráoz Anzoátegui como la extensa “Elegía a Lavalle” de 1941: “Tú sabes cuánto te quiero; cuan inmensa es mi admiración por tu obra. Desde que te iniciaste, vi en ti una cosa seria y tremenda. Eres, en poesía, de lo más grande que ha dado Salta. Y lo mejor, has formado escuela y tienes ahora continuadores. Por lo mismo, por ese cariño, por esa admiración, me siento con derecho a tener en mis manos un ejemplar de tu libro”, le expresaba mi padre con fecha 22 del mismo mes y año. Y a renglón seguido: “En “Pórtico”, una asociación de arte que he formado y que se está imponiendo, he iniciado una conferencia hablando de ti. He hecho un llamamiento a la gente joven y a esa misma gente le he dicho, en tono alto y bien timbrado, que debe enorgullecerse de contar en su generación con un poeta de tu jerarquía.”
En tanto por nota número 338/45 del Ateneo Popular de la Boca del 22 de agosto de 1945, suscripta por José Gobello - faltaban ocho años aún para que diera a conocer su obra “Lunfardía”, en 1953- y Antonio J. Bucich, en respuesta a la de Romero Sosa del 27 de julio dando cuenta de la constitución de Pórtico, los firmantes le hicieron llegar las más cordiales felicitaciones: “por tan oportuna iniciativa”, asegurándole “nuestra más cordial adhesión” y rogándole a renglón seguido presentar saludos a los miembros de la Mesa Directiva de Pórtico.
Sin embargo y entusiasmo juvenil aparte con más impulso por realizar a toda costa que a llevar a cabo las empresas acatando el consejo atribuido al emperador Augusto y divisa ateneísta: “Festina lente”, era obvio que como suele ocurrir, también la nueva institución tuviera efímera duración. Se lo anticipó con realismo el propio Bucich, trece años mayor que él y más curtido para aceptar el desvanecimiento de quimeras, al comentarle el 12 de junio de 1945: “Celebro la constitución de la filial, pero más me hubiera agradado la fundación del Ateneo Popular de Salta sobre las bases del Ateneo Popular de la Boca. Hubiera sido más natural. ¿No le parece?. De cualquier modo agradezco su labor y la de los amigos. En la próxima reunión del Consejo Directivo daré cuenta de la simpática iniciativa.”
Y tres días después le recalcó : “Le agradezco su fidelidad ateneísta. (Sic) Pero insisto en que hubiera sido mejor fundar directamente el Ateneo Popular de Salta sobre las bases del Ateneo Popular de la Boca. De ese modo la institución tendría vida asegurada. Porque el día que ustedes se ausenten de Salta, ¿quiénes quedarán en los Amigos del Ateneo? Le envío separadamente un ejemplar del Estatuto del Ateneo boquense.”
Quien así aconsejaba, era un devoto del Sarmiento educador insomne y creador en 1870 de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares por la ley número 419 que impulsó el sanjuanino desde la Primera Magistratura de la Nación, así como lector y divulgador en el país de José Maria de Eça de Queiroz , el novelista y diplomático portugués de ideología liberal, estética realista y animosa participación en el “Cenáculo” de Anthero de Quental, suerte de cofradía regeneracionista lusitana. Con tales antecedentes Bucich tenía en claro el sentido principal de los ateneos populares que, a influjo de los nacidos en la España decimonónica con claro signo progresista, republicano y no sin resabios iluministas, debían aparte de ser núcleos para la tertulia amena, culta y despreocupada, tener por norte la tarea de educar a la ciudadanía para lo que se hacía imprescindible su perduración, como que sembrar ideas requiere de constancia y perseverancia.
A poco los hechos justificaron las razonables dudas planteadas sobre la continuidad de Pórtico de Amigos del Ateneo Popular de la Boca en Salta, bien que la sugerencia de Bucich sobre la constitución de un más duradero Ateneo Popular de Salta bajo los lineamientos estatutarios y el apadrinamiento del Ateneo boquense, germinaba ya en la mente de Romero Sosa como lo evidencia lo expresado en la transcripta introducción a la conferencia del chileno Gumucio Harriet .
Ocurrió que el profesor Arístides J. Montero, de bastante edad, como que en 1917 figuraba como vicedirector de la escuela de varones Antonino Aberastain en el índice de Escuelas Primarias publicado por el Consejo Nacional de Educación y en 1935 era director de la misma, situada ahora en la calle Benito Pérez Galdós 256 , se fue desentendiendo del tema. El profesor Oscar Camisasca debió dejar la provincia por razones atinentes a su quehacer de docente de música. Romero Sosa hizo lo propio al ser requerido en su puesto en la Biblioteca del Congreso, agotada su adscripción a la Intervención Federal para organizar el recién creado Museo Histórico y de Bellas Artes. Para Alejandro Gumucio Harriet el Ministerio de Relaciones Exteriores de su patria dispuso nuevos destinos diplomáticos y dos décadas después, en 1966, se hallaba en Buenos Aires como Ministro Consejero de su Embajada aquí. Debido a esos éxodos previstos por Bucich, la asociación, nunca formalizada con estatutos y para la que no se tramitó personaría jurídica ante el órgano local pertinente, dejó de funcionar sin marcar otras huellas de su existencia que el registro de algunas de sus actividades en periódicos salteños como se ha visto. A esos recortes de diarios publicitando sus actos y encuentros sociales, hace referencia otra nota, la Nro. 220 del 29 de junio de 1945 firmada por el Presidente del Ateneo, para ese momento Antonio J. Bucich y el Secretario General, Pablo Román Conquet .
No obstante, y sobre todo en los amarillentos y quebradizos testimonios de las idas y vueltas epistolares sacadas ahora a la luz, deben haber quedado los rastros más nítidos de esa animosa aventura cultural cumplida, mientras duró, en un tiempo de fidelidades que bien merece ser evocado.
****
Y qué mejor que añorar idealistas proyectos de ayer con poemas del presente, porque hay círculos que parecen cerrados y no lo están. Son los que en un momento nos brindan la posibilidad de dibujar el punto que les falta para concluirse, instándonos a sospechar que a lo mejor resultamos ser nosotros ese punto. Como el misterio del vivir regala esas posibilidades, aquí y ahora, en la actual sede del Ateneo Popular de la Boca , con un sector de su biblioteca bautizada desde el 26 de septiembre de 2009 con el nombre paterno , venimos a celebrar a un poeta dando la bienvenida a su primer libro de versos.
Aunque el yo sea odioso, hablaré ahora en primera persona para dar algo más de fuerza a mis palabras. Y comenzaré diciendo que desde tiempo atrás sigo la trayectoria literaria de Rudolf Scheller. Como miembro del jurado en el tradicional concurso anual del Poema Ilustrado convocado por el Ateneo desde hace décadas, voté en reiteradas ocasiones junto al resto de los calificados jurados que me acompañaban, los escritores Antonio Requeni, Jorge Sichero, Susana Botto y el inolvidable poeta, comediógrafo y traductor Héctor Miguel Ángeli, para que sean distinguidos varios sucesivos trabajos que acercados con seudónimo, según exigencia del reglamento, descubrimos después resultaron ser de su autoría. Tengo en especial presente su obra “El tiempo”, por él mismo ilustrada, y ganadora del segundo premio en el Salón del Poema Ilustrado del año 2019, bautizado con el nombre de Héctor Miguel Angeli en homenaje al autor de “Frutas sobre la mesa”, fallecido en 2018.
Reafirmo mis primeras intuiciones al leer los veintiún nuevos poemas compuestos en verso libre y blanco del recién editado poemario titulado simplemente POEMAS GEDICHTE : Rudolf Scheller ha adoptado con naturalidad y precisión la lengua de Cervantes sin desairar con el olvido la natal, como suele ocurrir en el fragor del vivir de tantos transterrados. Por el contrario trabaja y expande en la traducción de cada una de sus composiciones, primero escritas por él en español, la música verbal del habla de Goethe, Schiller, Heine o Rilke, por emplear los términos que Borges acuñó para referirse al melodioso alemán.
Nada fácil resulta cambiar de idioma, más aún para emplearlo con fines literarios. Ejemplo clásico es el polaco Jósef Teodor Konrad Korzenioski: Joseph Conrad de “El corazón de las tinieblas” y tantas otras novelas inolvidables. Por no abundar en nombres para el caso de creadores argentinos, mencionaré el de Delfina Bunge de Gálvez que escribía poemas en francés, el de Juan Rodolfo Wilcock, de escritura bilingüe en castellano e italiano y últimamente el de Héctor Bianciotti, con sus novelas de autoficción redactadas en francés y que le valieron ingresar a la Academia gala fundada por el Cardenal Richelieu en 1635.
Es de imaginar la dificultad que debe implicar ese cambio de lengua; a mi entender un desafío mayor al abordar el verso que la prosa, donde como escribió Carlos Obligado “la palabra llega donde el alma va”.
Sin abundar en el misterio que representa la palabra nombradora y a la vez adánicamente creadora, valga repetir el reclamo de Juan Ramón Jiménez:
Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Porque estamos aquí ante un poeta que acepta los dobles desafíos: por un lado buscar el cauce a su lirismo en castellano y por otro hacerlo sin olvidar su origen bávaro recreando sus versos en la diferente articulación del mundo que representa su traslado al alemán.
POEMAS GEDICHTE, es un libro de homenajes, en primer lugar a sus dos idiomas como se viene recalcando, simbolizado y preanunciado en la página inicial, con los epígrafes de Cervantes y de Goethe. Pero también lo rinde a Mayakovski, al que los burócratas del régimen soviético le reprocharon su presunto individualismo y su futurismo. Aquel mismo suicida genial del uso posterior estalinista. El Mayakovski que escribió: “El poeta es un obrero” y al advertir su condición de proletario de la palabra se cantó a sí mismo a lo Whitman.
Y Scheller asimismo homenajea lo que pudo ser, apenado del filo de los cristales cotidianos que lastiman las ilusiones y poco a poco las desvanecen en el alma; y al pasado no absuelto por juzgarlo proustianamente mal administrado: “No acuses a tus ancestros./ No administraste tu tiempo,/ este ya se ha ido.” Y con patriotismo nostálgico y activo de compromisos para con la tierra en que eligió vivir y formar su hogar, sin declamaciones hermana, identifica y se sintetiza a sí mismo en el milagroso azar cromático de los ambos símbolos patrios de sus lealtades: “Un cielo de tela celeste/ y nubes blancas/ forman mi bandera de Bavaria/ (…) Y un cielo entelado/ celeste y blanco/ es mi otra bandera.”
Particularmente emotiva es la ofrenda poética a la trenza materna, que supo enredar recuerdos en su memoria afectiva para no desasir de sí la presencia amada.
En algún otro pasaje de la obra, uno puede asociar el opresivo encierro al que se refiere “En la puerta condenada”, con los laberintos de Kafka.
Hombre de su tiempo y sensible a las angustias del mundo actual, el arte de Rudolf Scheller no denuncia sino que asume la realidad que le depara su circunstancia frente a un cielo al que suele entrever con nubes. Altura aunque plomiza en ocasiones, propensa a adornarse súbitamente con migraciones de aves, en un reto a la mirada, para seguir sus vuelos y ampliar así los horizontes.
����������������������������������������
Carlos María Romero Sosa: “Algo sobre la correspondencia literaria y política entre José Gobello y Carlos G. Romero Sosa (1945-1946)”. Marcelo Héctor Oliveri Editor y Ediciones del Ateneo Popular de la Boca.Buenos Aires 2004.-
Librería y Casa Editora de Jesús Menéndez. 88 páginas. Buenos Aires, 1941.-
Catalina V. Fara: “Las asociaciones culturales barriales como espacios para el comercio de arte en Buenos Aires. Un caso de estudio”. En H-Art Revista de Historia, teoría y crítica de arte.-
Teresita del Milagro Gutiérrez: “Un museo testigo de la historia de Salta”. Páginas 91 a 96. Talleres Gráficos “Juana Manuela”, Salta, 2023.-
Editorial Rotary Club de Salta.-
La Provincia, Salta, 14 de agosto de 1945, página siete: “En Pórtico se habló ayer sobre Beethoven”.-
Carta de Antonio J. Bucich a Carlos G. Romero Sosa de fecha junio 15 de 1945. Su original en el archivo de Carlos Gregorio Romero Sosa.-.
Antonio J. Bucich: “En pos de Eça de Queiroz”. Buenos Aires, 1939.-
La Provincia, Salta, martes 3 de julio de1945, página siete: “En Pórtico disertó el Sr. A.G. Harriet”.-
En el Monitor de la Educación Común , Año 38, Número 565, de 31 de enero de 1920, (Sección Oficial, página 31) aparece renunciado en 1919 al cargo de Visitador de Escuelas Nacionales en la Provincia de Santiago del Estero y el Boletín Oficial de 1.2 de febrero de 1944, da cuenta que se le asignaron, por designación del Presidente de la Nación General Pedro Pablo Ramírez refrendada por el Ministro de Justicia Instrucción Pública Gustavo Martínez Zuviría , ocho horas de Castellano al profesor de Ciencias y Letras Arístides J. Montero en el Colegio Nacional de Adrogué (Provincia de Buenos Aires).-
Su texto dice: Señor Carlos Gregorio Romero Sosa SALTA. Distinguido consocio: Por el ateneísta señor Oscar Camisasca, me he enterado que en esa ciudad se ha constituido una Institución “Amigos del Ateneo Popular de la Boca” adjuntando a su carta varios recortes de diarios y periódicos locales. A este respecto mucho le agradecería se sirva informarnos detalladamente sobre la constitución y actividades de la citada entidad, para informar sobre el particular al Consejo Directivo. Con el mejor de mi afectuoso recuerdo, lo saludo con atenta consideración.-
Benito Pérez Galdós 315. La Boca. CABA.-
): “Norte del Bermejo (Salta), 7 de septiembre de 2009: Una biblioteca en Buenos Aires se llamará Profesor Carlos Gregorio Romero Sosa; La Prensa (Buenos Aires), 26 de septiembre de 2009: “Biblioteca Carlos Gregorio Romero Sosa” por Eduardo Bucich y Carlos María Romero Sosa; El Tribuno (Salta), 26 de septiembre de 2009: “Homenaje a un salteño en Bs. As.” Por Roberto V. Casas, Nuevo Diario (Salta), 26 de septiembre de 2009: “Nombre salteño para una biblioteca de la Boca; Nuevo Diario (Salta), 1 de octubre de 2009: “Romero Sosa a una biblioteca de la Boca; “Norte del Bermejo” (Salta), 5 de octubre de 2009: Homenaje en Bs. As. al profesor Carlos G. Romero Sosa.-
Ed. “De los cuatro vientos”. Buenos Aires, 2022. (56 páginas).-