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OLIMPIA LEANDRA RIGHETTI

Por Carlos María Romero Sosa

                                
Nació en Santiago del Estero el 19 de septiembre de 1914 y falleció en la misma provincia en 1989. Realizó estudios pedagógicos en la Escuela Normal del Centenario de su ciudad natal. Se consagró al estudio de las cerámicas chaco-santiagueñas, hasta que en 1936 llegó a trabajar en el Museo Arqueológico, junto a Emilio y Duncan Wagner, desempeñándose como dibujante. Con el correr del tiempo se fue formando en los estudios que los hermanos venían haciendo acerca de aquella civilización. Cuando Emilio Wagner falleciera, en septiembre de 1949, quedó al frente del Museo, prosiguiendo las investigaciones orientadas por el pensamiento y acción de quien fuera su maestro. Participó en el Primer Salón de Arte de Santiago del Estero en 1943. Entre 1950 y 1960 dirigió una misión arqueológica por los departamentos Banda y Robles, área del río Dulce, zona en la que exhumó bastante material como fruto de las excavaciones realizadas. Entre tantos destinos, recorrió el Río Dulce hasta la ciudad de Termas de Río Hondo, ilustrando sus hallazgos. Coautora junto a Emilio Wagner del libro La Arqueología comparada, resumen de prehistoria, que obtuvo Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura. Ilustró el segundo tomo de La civilización Chaco Santiagueña de los hermanos Wagner interpretando los dibujos de cerámicas descubiertas por ellos. (museorincondeatacama.blogspot.com).

En la tarde del 23 de junio de 1977, en la muy circunspecta Academia Argentina de Letras y en presencia de altos oficiales  de las fuerzas armadas que representaban a los integrantes de la junta militar de la dictadura, entonces en el gobierno, pronunció su discurso de asunción a la corporación Victoria Ocampo.

Al segmento de la  alocución de bienvenida, a cargo del doctor Ángel J. Battistessa, quien adelantó que la escritora entrante: “acertará a decir, con leal recriminación pero sine ira, algunas de las causas, o si se prefiere de las desatinadas razones, que aquí no menos que en otros sitios venían excluyendo a las mujeres de unos afanes espirituales en los que desde siempre, cual en tantos otros, pudieron mostrarse no menos aptas que los hombres” ,  Victoria respondió yendo más lejos. Y no solo por subrayar admirativamente que su amiga Gabriela Mistral “con el cincuenta por ciento de sangre india en sus venas” (SIC),  en lugar de disimular esos genes, “tenía pasión por los inditos (así los llamaba) y se sentía parte de ellos.” . Avanzó sobre todo al traer a la memoria y homenajear a una lejana antepasada suya por rama materna. A la guaraní Águeda, en quien el conquistador Irala engendró una hija que reconoció.

No está demás transcribir aquí los párrafos en ofrenda a ese ancestro nativo de la feminista Victoria Ocampo, entusiasmada por destacar el dato genealógico en aquella sesión académica. Algo que nadie entre los muy occidentales y cristianos presentes hubiera imaginado escuchar en los salones de estilo francés del Palacio Errázurriz: “Descubrí, pues, que por vía materna desciendo de hala, compañero de Mendoza, y de una india guaraní, Agueda. Este español y esta americana tuvieron una  hija, que su padre reconoció. Dados mis "prejuicios" feministas simpatizó más con Águeda que con quien podía tratar de igual a igual al primer fundador de Buenos Aires. Este no es un desplante demagógico. Ignoro la demagogia como la pedantería. Pero en mi calidad de mujer, es para mí un desquite y un lujo poder invitar a esta recepción de la Academia a mi antepasada guaraní y sentarla entre la inglesa y la chilena. No porque mereciera como las otras entrar en cualquier Academia de Letras, sino porque a mi vez yo reconozco a Águeda.”
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Valga pues esta suerte de introducción para entrar de lleno en el tema anunciado en el título, encabezado por el nombre de la profesora Olimpia L. Righetti, tan representativo en el Noroeste argentino y expandido a la cultura nacional. Para sobre todo particularizar estas líneas en  sus aportes  hechos a una  cuestión imposible de obviar al presente y de la que fue precursora en el país, cual es el papel social de la mujer en los pueblos originarios precolombinos o prehispánicos aquí asentados. Un tema en general silenciado o desatendido por la mayoría de los científicos dados al estudio de esas etnias y culturas. Y es que desde el vamos también se ha cancelado a las mujeres nativas subsumiéndolas dentro de la denominación general de “pueblos originarios” que se popularizó a finales de la década del setenta del siglo XX, más allá del sentido reivindicativo y anticolonialista de la terminología.

No siempre, como sí en lógica, la doble negación implica una afirmación. Como que se ha colonizado al americano nativo por tal condición y dentro del grupo más si cabe a las integrantes del llamado sexo débil. Valdría entonces en su rescate emplear el lenguaje inclusivo para “pueblos originarios”, críticas aparte de índole gramatical o más bien de raíz ideológica y reaccionaria que podrá hacérsele a esa jerga. Lo proponemos porque desnombrar es aniquilar sin dejar rastros.

De allí que merezca especial reconocimiento el sentido de la obra de la artista plástica y arqueóloga  nacida en la Madre de Ciudades en 1914 y fallecida en 1989. (Aunque en alguna otra biografía aparece  1910 como el año de su nacimiento), subdirectora primero del Museo Arqueológico de Santiago del Estero y más tarde directora, a partir de 1949 luego de la muerte de su creador Emilio Wagner en septiembre de aquel año,      

Tal destaque de su personalidad, acercándonos a las casi cuatro décadas de su muerte, resulta un hecho de justicia histórica debido a que entre otros méritos artísticos y científicos, fue ella una esforzada reveladora de las actividades cumplidas por las mujeres en la llamada Civilización Chaco-Santiagueña, la teoría etnológica con connotaciones difusionistas, en  gran medida desechada al presente y más que discutida por arqueólogos locales académicos en su momento, por ejemplo Fernando Márquez Miranda en su ensayo “El problema arqueológico chacosantiagueño” o Antonio Serrano en “La llamada Civilización Chaco-Santiagueña” y en “La etnografía antigua de Santiago del Estero y la llamada civilización chaco-santiagueña” , pero  propuesta por Emilio y Duncan Wagner hacia comienzos de los años veinte de la pasada centuria y muy difundida en los años treinta . Todo ello a partir de los descubrimientos hechos en especial en Mistol Paso y zonas aledañas por aquellos hermanos franceses afincados en Santiago del Estero.

Algo después de irrumpir esa tesis, la profesora Riguetti, fundada en los descubrimientos arqueológicos de los citados  Wagner y en otros verificados por ella misma en excavaciones que practicó, recuperó rastros que dan testimonio sobre las labores femeninas realizadas en la también llamada “cultura de las llanuras Chaco-Santiagueñas”.

Pronto dio a conocer en dibujos en tinta y detalladas pinturas de su paleta, los elementos rescatados del subsuelo que hablan del trabajo artesanal cumplido por las mujeres indígenas del lugar y las adyacencias.  Asimismo lo hizo saber a sus colegas en disertaciones orales y escritas. En especial en una conferencia pronunciada el 15 de septiembre de 1941 en la Sociedad Científica Argentina, precisamente intitulada: “La mujer en la Civilización Chaco-Santiagueña”, presente en el opúsculo: “Dos conferencias sobre el imperio de las llanuras santiagueñas” publicado en 1942. Por ser de edición de la autora esa publicación sin duda de corta tirada, la misma se encuentra agotada. Sin embargo es posible acceder a la lectura de “La mujer en la civilización Chaco-Santiagueña”, al estar incluido su texto completo en uno  de los apéndices del libro del escritor santiagueño Julio Carreras: “Los hermanos Wagner”.
Como no podía ser de otro modo, Olimpia Riguetti figura en el “Diccionario de Mujeres Argentinas” de Lily Sosa de Newton, con una extensa noticia sobre sus actividades y producción édita, aunque sin consignar ninguna fecha. Por ejemplo se detalla allí que “nacida en Santiago del Estero, estudió en la Escuela Normal del Centenario de su ciudad natal.” A continuación se dice que: “desempeñó cargos en el Museo Arqueológico de Santiago del Estero hasta ocupar la dirección (y que) desde muy joven se sintió atraída por el estudio de las cerámicas chaco-santiagueñas, que dibujó parara ilustrar las obras de sus maestros, los hermanos Emilio y Duncan Wagner, fundadores del museo mencionado.” Y finalmente anota la reseña: “Sus investigaciones la llevaron a realizar  importantes hallazgos arqueológicos, como el primer yacimiento de alfarería negra y la correspondencia absoluta entre piezas de Troya y Santiago del Estero. Dio a conocer sus trabajos científicos en periódicos, folletos y conferencias y colaboró en la obra de los hermanos Wagner: “Arquelogía comparada. Resumen de prehistoria”, así como en la ilustración del segundo tomo de “La civilización Chaco-Santiagueña”. Obtuvo el premio nacional del trienio 1956-1958 a la producción regional (centro) por su obra: “Dos series de morteros artísticos y simbólicos de la civilización chaco-santiagueña”.

Otras noticias sobre su persona, dan cuenta que participó en el Primer Salón de Arte de Santiago del Estero en 1943, que ilustró el segundo tomo de la “Civilización Chaco-Santiagueña” de sus maestros Wagner, y que entre 1950 y 1960 dirigió una misión arqueológica  por los departamentos Blanda y Robles, en área del río Dulce donde exhumó  material para el museo a su cargo , hasta extender sus investigaciones al llamado por los sociólogos NOA Cultural, es decir a Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy.

Por su parte, Vicente Osvaldo Cutolo en su libro “Historiadores argentinos y americanos” reafirma que el Premio Nacional a la producción Regional (1956-1958), correspondió a su  obra “Dos series de morteros artísticos y simbólicos de la civilización chaco-santiagueña.”              
        

                 LA MUJER EN LA CIVILIZACIÓN CHACO-SANTIAGUEÑA
                  
En la referida conferencia pronunciada en la Sociedad Científica Argentina el 15 de septiembre de 1941, comenzó destacando el rol femenino en civilización de su especial estudio: “Ciertamente importante, si no preponderante, podemos juzgar del hecho que las estatuillas de la divinidad son mucho más numerosas bajo la forma femenina que masculina. Circunstancia que ha llamado la atención de los arqueólogos del Viejo Mundo, quienes la han bautizado con el nombre de mujer sin boca, sin haber seguido más lejos las investigaciones que los habrían llevado a comprender que esas esfinges son antropo-ornitomorfas (humano-pájaro) y que la nariz, siendo a la vez pico de pájaro, ocupa naturalmente el lugar de la boca” 

Más adelante Riguetti deducirá la creación o al menos la inspiración en la condición  femenina de las cerámicas que “encantan a  los ojos por la elegancia, la pureza y el sentido artístico de sus motivos simbólicos decorativos, es uno de los atributos de la mujer.”

Sin embargo, afilando el juicio, la disertante acepta comonotorio que no fueron manos de hombre las que trabajaron esas piezas, al reconocer allí “la impresión de dedos pequeños y fuseiformes (que) se encuentra constantemente en el modelado de las cerámicas o de las estilizaciones ofidicas muy usadas, como las barretas en relieve, portadoras de cúpulas dejadas por la impresión de la yema de los dedos.”   
Y siguió argumentando: “Esas impresiones provienen de dedos redondo, delgados y terminados por uñas redondeadas y poco salientes; la costumbre de dejar crecer las uñas como armas defensivas, no parece haber estado de moda entre las morenas alfareras de manos ligeras y ágiles de la prehistoria, que nos han dejado tantas pruebas de su habilidad en la fabricación de las más finas y delicadas alfarerías, muchas de las cuales deben considerarse obras maestras del arte cerámico prehistórico.”    

Luego apuntó Righetti: “Los instrumentos de terracota, llamados vulgarmente torteros, fusaiolas por los arqueólogos y muyumas en el lenguaje quichua,  se colocan en la base del huso para hilar. De este modo mantienen el movimiento de rotación bajo el impulso de los dedos de la hilandera y contribuyen a mantener la posición vertical del huso. La infinita variedad de formas y decorados y el cuidado que ha presidido su fabricación, indican que servían para trabajos de hilandería muy fina.” 

También comparó lo que debió ser el trabajo de las hilanderas de la civilización Chaco-Santiagueña con un tejido del Viejo Perú que forma parte de las colecciones del Museo de Santiago del Estero y se encontró adherido al fondo de una urna funeraria, pieza esa estudiada por René d Harcourt, un especialista en tejidos americanos y autor entre otros libros de “La música de los Incas y su supervivencia”.

 Naturalmente toda esa amorosa labor de las prehistóricas hilanderas de la región, debe haberse extendido por el NOA Cultural y trasmitido de generación en generación, a través de decenas de ellas, a las actuales tejedoras de mantas y ponchos de todo el Noroeste Argentino. Valga traer a cuento los versos y los compases de la zamba de Manuel J. Castilla y Eduardo Falú, “La Catamarqueña”: “Tejedora belenista, telar en flor/ hila con hilos de luna la pena con la canción.”
                 
SU INTERÉS POR LA ARQUEOLOGIA DE SALTA

Desde a1rededor de 1942 la profesora Olimpia L. Riguetti venía teniendo correspondencia con Carlos Gregorio Romero Sosa, la que parece ser se había interrumpido por algún tiempo hasta que fue retomada en 1946. Así en respuesta a una carta enviada por el nombrado historiador el 29 de marzo de 1946, haciéndole llegar saludos de Ricardo Renzi, Atilio Cornejo, Carlos Serrey y Cristian Nelson , le aportó  el dato que el doctor Oscar Oñativia, a poco egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de las UBA, “persona seria y estudiosa, dedicada a la pedagogía infantil y curioso espíritu investigador, acaba de comunicarme que en el cerro El Fuerte –al lado de El Crestón-, en Coronel Moldes, casi en el límite con Metán (Provincia de Salta), se encuentran restos de una civilización con características iguales a la de Llacta Mauca: los mismos dibujos, las mismas divinidades. Le trasmito cuanto me ha dicho el señor Oñativia. Yo no me ocupo ya de arqueología. Hace años sí escribí algo, hoy no. Me he dedicado a otras actividades culturales. Hoy, preferentemente, escribo poesías. En espera  de que mis referencias le sean útiles para algo, la saludo con todo respeto y le pido trasmita mis expresiones al sabio Wagner. Con toda mi cordialidad y mi admiración S.S.S. y amigo. Carlos G. Romero Sosa. Alberdi 423. Salta”

A esa comunicación, en la que se advierte el vínculo que la profesora Riguetti  tenía ya para entonces con personalidades de la cultura y la ciencia salteña, respondió la destinataria en un texto mecanografiado en papel oficial del Museo Arqueológico Provincial de Santiago del Estero, de la que era vicedirectora.

La misiva de fecha 18 de junio de 1946 expresa en lo que constituye un verdadero documento invalorable que obra en nuestro poder, novedoso en muchos aspectos, incluso para nosotros que desconocíamos la colaboración de Carlos Gregorio Romero Sosa con el sabio Emilio Wagner. Igualmente resulta de los renglones que como el sin duda visitado por Righetti Museo Provincial de Fomento a cargo de Cristian Nelson, pese a contar con algunas urnas funerarias y flechas diaguitas, había reunido  especialmente piezas vinculadas con las ciencias naturales y restos paleontológicos , era previsible que abogara ella por la creación en la ciudad del cerro San Bernardo de un museo dedicado íntegramente a la arqueología lugareña. Por todo lo expuesto creemos del caso copiar íntegra la carta:
                     

                      Santiago del Estero, 18 de junio de 1946
                      Sr. Carlos G. Romero Sosa
                      SALTA

                                  He tenido mucho placer en volver a recibir noticias de Ud. Siempre le hemos recordado y lamentábamos haber perdido su dirección, pues las fotografías de las petrografías que Ud. nos mandó, el sabio Emilio R. Wagner las ha utilizado mucho en sus trabajos.
                                 En un trabajo mío, “Dos conferencias sobre el Imperio de las Llanuras Santiagueñas”, que tengo el placer de enviarle, retribuyendo así en parte su amabilidad, he publicado una de esas fotos. Infelizmente, por no conocer con exactitud su nombre,  no pude consignarlo al pie de la misma. Ruégole me perdones esta aparente descortesía.
                               En otra publicación del sabio Wagner que ahora está en prensa, aparece también una de sus fotos, pero ya con su nombre. Ha sido una feliz coincidencia que Ud. nos escribiera, ello nos ha permitido incluir su nombre. Cuando tengamos esta publicación (que solo en octubre podrán entregarnos) le mandaré un ejemplar.
                              Me alegro que se dedique a la poesía, lo felicito, pero es lástima que haya abandonado la  arqueología. En esta ciencia hay mucho que trabajar en su provincia. Puede decirse que ofrece un campo aún virgen. Allá puede hacerse un museo tan grande y tan bello como el que el sabio Wagner ha hecho en Santiago.
                              La noticia que me trasmite sobre el hallazgo arqueológico en Metán, es sin duda muy importante y probaría una vez más las teorías  de mi gran maestro, de que la Civilización Chaco-Santiagueña llega hasta el Noroeste argentino. Esto no quiere decir que se mezcló con los calchaquíes, sino que estos se superpusieron a la Civilización Chaco-Santiagueña.
                            Nos a gradaría  conocer las piezas que se correlacionan con las encontradas aquí.
                          No deje de darnos sus noticias  que siempre son muy gratas. Ruégole trasmitir mis saludos, muy amistosos, a los doctores Serrey y Cornejo, lo mismo al señor Renzi.
                            Uno a mis saludos, los más cordiales, los saludos del sabio Wagner y le deseo mucho éxito.
                              Olimpia L. Riguetti

P.D. Perdone mi demora en responder, ello se debe a mi ausencia de Santiago.         

                    Comenzamos este ensayo con el recuerdo de la internacionalmente famosa escritora y mítica editora de PROA, Victoria Ocampo, y es del caso concluirlo con el inicio del poema  “El Golem” del universal Borges: “Si (como  afirma el griego en el Cratilo)/ el nombre es arquetipo de la cosa”. Porque en caso de acaecer lo allí poetizado, no existen las casualidades y tiene plena razón de ser que la provinciana investigadora evocada, quien pronto alcanzó trascendencia nacional y americana dándose a rescatar las faenas de las mujeres en la prehispánica Civilización Chaco-Santiagueña, que alguien precisamente capaz de madurar esas convicciones fundadas en trabajos de campo, haya sido bautizada con el nombre que empleó como seudónimo Marie Gouze: “Olympe de Gouges”; la  escritora y filósofa, adelantada y mártir del feminismo,  guillotinada el 3 de noviembre de 1793 por la Revolución Francesa.
                   ¿Igualdad? ¡Cuántos crímenes se han cometido por negarla; también hoy, envalentonado el discriminatorio antifeminismo con la prédica de las extremas derechas esparcidas por la ciudad y el mundo!      

 

Ángel  J. Battistessa: “Discurso de bienvenida a doña Victoria Ocampo”.,  en  Boletín de la Academia Argentina de Letras,  Tomo 42.  Nro. 163-164 .  p. 39-49.-

Victoria Ocampo: “Discurso de recepción de doña Victoria Ocampo”, en Boletín de la Academia Argentina de Letras,  Tomo 42.  nro. 163-164. Página 59.-  

Victoria Ocampo: Op. Cit.-Página 60.-

Humanidades, La Plata, 1921.-

Senda, Nro. 18, Córdoba, 1935.-

Paraná, 1938.-

El primer tomo de “La Civilización Chaco-Santiagueña y sus correlaciones con el viejo y el nuevo Mundo”, escrito por Emilio y Duncan Wagner, con prefacio y traducción de Bernardo Canal Feijóo y  Mariano R. Paz, se publicó en la ciudad de Buenos Aires en 1934.-     

Editorial Quipu. Santiago del Estero, 2013.-

Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1980.-

Vicente Osvaldo Cutolo: “Historiadores argentinos y americanos”. Buenos Aires, 1966. Pàgina 319.-

  Carlos María Romero Sosa: “Pablo Policarpo Romero de la Corte (1833-1886). Un latinista en la Salta de la segunda mitad del siglo XIX. Y: Nuevos aportes para la biografía de Cristian Nelson. Un científico en la Salta de la primera mitad del siglo XX.” Ediciones Prosa. Buenos Aires, 2025.- 

 

Ricardo Alonso: “Cristian Nelson y las raíces de la UNSa”. El Tribuno, 30 de junio de 2025.-

 

 

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