Volver Mapa del Sitio
LOS DIAGUITA CALCHAQUÍES O KAKANOS

 

Diaguita es la denominación kakán, que quiere decir "el habitante"  un conjunto de poblaciones unidas por una lengua común: el kakán. (Según Canals Frau su verdadero nombre sería:  "Kakanos").

No solo la lengua daba homegenidad a las comunidades, sus aspectos raciales, organización social - económica y cosmovisión, definía un único ente cultural.

Habitaban los cerros y valles del noroeste argentino, en las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y norte de San Juan. En Chile, los valles transversales de Norte Chico.

Las culturas agroalfareras tardías Santa María (Salta, Tucumán), Belén (Catamarca) y Sanagasta Angualasto (La Rioja y San Juan), fueron el gran conjunto histórico de los pueblos kakanes.

En los dos valles más grandes, el de Hualfín y el Calchaquí, se encuentran evidencias de mayor desarrollo tecnológico, y unidades políticas más amplias y fuertes. En el resto del área el grado de segmentación política se acentúa, a medida que las condiciones ambientales son más desfavorables.

Hacia fines del siglo XV llegaron los Incas, penetraron por las vías naturales que fueron transformadas en caminos de acceso, comunicando al Cuzco con Bolivia, Argentina y Chile, necesitaron tres invasiones para poder ingresar, la resitencia de los calchaquíes fue feroz.

Calchaquíes es el nombre que recién les es dado en el siglo XVII, era epónimo del curaca que provocó el "Gran Alzamiento" (1560 -1563): Juan Calchaquí.

Los españoles comenzaron a llegar desde Perú, a partir de 1550 buscando asegurar la comunicación con los Andes centrales. La cultura kakana que era guerrera, opuso una feroz resistencia en la que participó la comunidad entera. Las "Guerras Calchaquíes" se extendieron por más de un siglo:


Guerras Calchaquíes
Número Período Líder
Primera 1560 - 1563 Juan Calchaquí
Segunda 1630 - 1637 Chalimín
Tercera 1658 - 1667 Pedro Bohórquez

Finalizados los hechos bélicos, los españoles implementaron la encomienda y el destierro como medios de aculturación.

Las numerosas parcialidades históricas son conocidas por nombres que eran la extensión del de su curaca (cacique) o de la región que habitaban. En el listado siguiente, consignamos las que según las crónicas tuvieron mayor relevancia:

Pulares

Se ubicaban en las serranías occidentales del Valle de Lerma, cerca o en directa vinculación con la quebrada de Escoipe y en dirección a lo que hoy se conoce como cuesta del Obispo.

A principios del siglo XVII, como Pulares se nombraba a un grupo pluriétnico que poblaba de manera discontinua el área septentrional del valle Calchaquí. Se establecieron en nueve pueblos: Atapsi, Tacuil, Pagoyasta, Cachi, Escoipe, Luracatao, Chicoana, Sicha y El Churcal. Los chicoanas, oriundos del Cuzco (Sicuani), eran fieles al Inca y luego aliados de los españoles. Los Cachis se instalaron en el actual pueblo de Cachi para cuidar la entrada al valle Calchaquí desde Salta.

Se especula que antes de la llegada de los españoles los Pulares fueron invadidos por otros grupos indígenas y que la alianza con los europeos fue una estrategia para recuperar sus tierras. En 1582 Hernando de Lerma funda Salta, y el primer encomendero Capitán Bartolomé Valero accede a entregar a Calibay (curaca de los Chicoanas) en calidad de merced unas tierras pobladas por sus antepasados.

Hacia 1670 cuando los españoles avanzan sobre la frontera calchaquí, los Pulares son un conjunto de pueblos formados por la combinación de los mitimaes incaicos, las migraciones y los traslados pactados entre españoles e indígenas. Estaban asentados en al menos cinco pueblos y encomiendas:

1. Pulares en la encomienda de San Pedro de Nolasco, Molinos.
2. Pulares Grande. Una de las últimas encomiendas de la jurisdicción de Salta
3. Pulares de Lara. Llamados así por el nombre de su primer encomendero, Pedro de Lara Manjares en 1617.
4. Pulares de Cachi.
5. Pulares de Chicoana y Payogasta. Descendientes de los grupos liderados por Calibay.

Tolombones:

Paciocas: Colalao - Pichiao - Anchillogill - Allamanogil

Principales parcialidades de los Valles Calchaquíes propiamente dichos.

En el programa de destierro español, los Colalao y Tolombones fueron trasladados al valle de Choromoro, actual departamento Trancas, al norte de Tucumán.

Amaicha

Se ubicaban entre los valles del Tafí y Calchaquí. "Amaicha" puede provenir del vocablo aymara "amaycha""cuesta abajo", o del quechua "amicharse""reunirse o juntarse".

Amaicha del Valle fue la primera aldea indígena reconocida por España. En abril de 1716, por medio de una cédula real, los representantes de la corona entregaron al cacique Francisco Chapurfe una extensión de 120.000 hectáreas que incluía la Ciudad Sagrada de Quilmes.

Junto a este líder de los pueblos de El Bañado, Quilmes, San Francisco, Tío Punco, Encalilla y Amaicha se encontraban 36 aborígenes. Sus descendientes son los actuales habitantes de la región, organizados bajo la "Comunidad Indígena de Amaicha" y han recibido las pautas culturales diaguitas transmitidas de generación en generación.

Tafíes

Habitantes del Valle del Tafí. Sus integrantes se adoptaron más dócilmente a las fuerzas invasores (incas y españoles) que sus vecinos, a su vez eran los que mejor manejaban la lengua quechua.

Quilmes

Según el jesuita Pedro Lozano, los Quilmes ("kilme" en kakán significa "aguas subterraneas") procedían de Norte Chico (Chile):

"Los calchaquíes se preciaban mucho de no haber admitido jamás dominio extranjero, como otros de sus vecinos, ni permitir aun a sus vasallos asentar el pie en sus territorios, en prueba de lo cual se sabe que como los quilmes vinieron de la parte de Chile a esta de Calchaquí, por no sujetarse a los peruanos (quechuas), que por aquel reino (Chile) daban entonces (los quechuas) a sus conquistas, los recibieron (a los quilmes) los calchaquíes con las armas en la mano y tuvieron con ellos sangrientas guerras, creyendo eran vasallos del Inga, hasta que enterados de que venían fugitivos de su patria por no sujetarse a aquel monarca, celebraron paces y les dieron grata acogida en su país, aplaudiendo su resolución, y después de tiempos, emparentados con ellos, fue esta parcialidad de los quilmes una de las más famosa de los Valles Calchaquíes."

Algunos historiadores objetan esta procedencia, lo cierto es que a la época de la conquista española, ocupaban el Valle Calchaquí en el oeste de la actual provincia de Tucumán (donde establecieron su principal ciudadela), alcanzando el sur del Valle Yocavil.

Valientes guerreros opusieron tenaz resistencia a los españoles, quienes para asegurar sus territorios dispusieron el traslado de 200 familias (unos 2.000 nativos), para que se fundara con ellos una Reducción que se erigiría en la ribera del Río de la Plata. La caravana partió en 1665, realizando durante un año y medio un recorrido de más de 1000 kilómetros. Luego de numerosas pérdidas en el camino llegaron al destino fijado en 1666, fundando a mediados de agosto la "Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Indios Quilmes".

El brusco cambio de hábitat, produjo la aniquilación de esta cultura, el 14 de agosto de 1812 el Primer Triunvirato argentino "declara extinguida ha antigua Reducción de ha Exaltación de la Santa Cruz", en su lugar se originó una pujante ciudad del gran Buenos Aires: "Quilmes".

Yocaviles

Habitaron el valle de Yocavil ("Vil": lugar o solar, "Yoca": cerro o cordón en forma de falo), bautizado por los españoles como "Santa María".

Hualfines

Habitantes del Valle de Hualfín (Catamarca), también nombrados en las crónicas como Malfín o Gualfín, eran los herederos de la Cultura Belén.

En 1630 su cacique Chalimín encabezó el la Segunda Guerra Calchaquí, que duró 7 años, terminando con su captura y ejecución, y prácticamente con la posibilidad de la independencia.

El 14 de octubre de 1659, Alonso de Mercado, gobernador de Tucumán, los derrota haciéndoles abandonar sus posiciones en el Valle de Hualfin.

Los Malfines fueron arrinconados contra sus cerros fortificados, y enviados a una reducción en lo que hoy es del Barrio Alto Alberdi en la ciudad de Córdoba, llamado "Pueblo Indio de la Toma o Pueblito".

Colpes

Los indios Colpes habitaban el noroeste del actual valle de Catamarca y en la vertiente occidental de la sierra de Ambato.

Fueron pacificados rápidamente durante la rebelión de 1630-1643 porque no formaban parte del entramado de parentescos que sustentó la participación en las guerras calchaquíes de los indios del oeste catamarqueño. Luego del levantamiento mencionado fueron encomendados produciéndose así la fragmentación de la entidad original surgiendo nuevas denominaciones que antes estaban englobadas en la entidad mayor. Así aparecen Colana, Mutquín, Siján y tal vez Paganso como pequeños asentamientos que habrían sido controlados por los Colpes.

Capayanes

Hablantes de un dialecto de la lengua Kakán, los Capayanes habitaron en los valles riojanos de Famatina y Sanagasta y los actuales Departamentos del norte de San Juan, Iglesia y Jáchal. Al sur comenzaban los territorios ocupados por la cultura huarpe.

Herederos de la Cultura Sanagasta o Angualasto, consumían maíz, zapallo y quinoa que cultivaban en campos irrigados artificialmente por medio de canales y acequias. Esta tecnología evidencia la influencia incaica, como así también su vestimenta, la producción de tejidos de lana de llama y guanaco y la metalurgia del cobre y oro.

Al grupo que habitaba el valle de Guandacol, se los conoció precisamente como Guandacoles.

Yacampis

Vivieron en el Valle Fértil y el del Río Bermejo, al noreste de la provincia de San Juan. Hablaban un dialecto del Kakán. Eran numerosos y practicaban la agricultura y la ganadería de la llama. Utilizaban la piedra en puntas de flechas, hachas, cuchillos, raspadores, cuentas para collares y pipas.

Los jesuitas los evangelizaron en el siglo XVII, pero los conquistadores nunca pudieron dominarlos por completo ya que muchos se fueron refugiando en las sierras.

Kakanos Chilenos

Ocuparon los valles de Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, en el Norte Chico chileno (Coquimbo y Atacama). Eric Boman los llamaba "Chili", fue Ricardo A. Latcham quien los nombró como Diaguitas al encontrar que además de usar la misma lengua, había similitudes arqueológicas y antropológicas con los grupos del otro lado de la cordillera.

En los territorios mencionados se había desarrollado la cultura El Molle, seguida por Las Animas, sobre la cual se sustentó la Diaguita hacia el siglo X; para el siglo XII llegaron contingentes Chinchas desde la costa peruana que aportaron nuevos desarrollos tecnológicos.

Para fines del siglo XV, se produce la conquista Inca, sin mayor resistencia. En 1535 llegan los primeros españoles, al imponer éstos los sistemas de encomienda la población disminuyó dramáticamente.

 

Documental:

El KAKAN la Historia Negada

 

 

Fuentes:

http://www.scielo.org.ar

 

 

 

LA MARAVILLOSA HISTORIA Y EL MISTERIO DE LA LENGUA KAKÁN

Por Gustavo Flores Montalbetti

La hablaron pueblos del noroeste de la Argentina, sur de Bolivia y norte chico de Chile; fue prohibida por los conquistadores incas y españoles, pero aún perdura, semioculta, en la intimidad de algunas familias descendientes de aquellas comunidades.

La lengua Kakana o Kakán, también conocida como Cacá o Diaguita, era hablada por todos los pueblos nativos, incluidos por los estudiosos como Diaguitas, Calchaquíes y Pulares que antiguamente se asentaron en el noroeste de la Argentina, sur de Bolivia y norte chico de Chile. La documentación más fehaciente surgida en épocas de la llamada conquista, son las Cartas Anuas y otros documentos de Jesuitas y las cartas de gobernadores. En 1598, el Padre Alonso de Barzana mientras recorría el valle Calchaqui, escribió “(…) El Cacán usan todos los Diaguitas y todo el valle de Calchaqui y el valle de Catamarca y gran parte de la provincia de la Nueva Rioja y los pueblos casi todos que sirven encomendados a la ciudad de Santiago del Estero, así como los poblados en el río del Estero (río Dulce) como otros muchos que están en la sierra (montañas del centro norte de Chile) (…)”, “(…) el nombre propio de esta lengua parece ser el de Kaká, también aplicado a sus hablantes”. En su obra “Historia de la Compañía de Jesús”, Barzana expresó “(…) que todos hablaban un mismo idioma Kakán, extrañamente difícil, por ser muy gutural, que apenas le percibe quien no le mamó con la leche, aunque los Diaguitas y Yacampís lo usaban más corrupto, pero igualmente imperceptible (…)”. Otras fuentes más recientes dicen, “se hallan las variantes Caca, Kaka, y Chaka. También se han empleado las denominaciones de lengua Caca – Diaguita, Lengua Calchaquí, Lengua Catamarcana. Para algunos de sus dialectos, se ha hablado de lengua Capayana y de Yacampis”.
Varios siglos antes del Quichua
Cuando el imperio Inca expandió su territorio del Kollasuyu por la ceja cordillerana, tomó principalmente los valles altos del noroeste hasta la región cuyana. Entonces, los bravos pueblos del valle Calchaqui rechazaban cualquier amenaza a su libertad, por lo que los incas realizaron tres invasiones y libraron sangrientas batallas para dominarlos, entre mediados y el último tercio del siglo XV. Se estima que durante aquel tiempo los cacicazgos o jefaturas de provincias preexistentes, a las que llamaron Chicoana, Quiri Quiri, Titiconti entre otras, fueron ocupadas y administradas por enviados directos del Inca, a la par de la imposición de su lengua. Durante los cientos de años que había demandado su desarrollo y evolución, las parcialidades que formaron la “gran Nación Diaguito-Calchaqui”, se integraron y organizaron en provincias con definiciones propias en los aspectos social, político, religioso y administrativo, comunicándose en su lengua, la Kakana. También hay documentos que amplían el ámbito geográfico de quienes la hablaron, “pueblos de la llanura del Salado, de las sierras centrales, hasta el norte de San Juan y noroeste de Córdoba”.
La otra llegada
Al caer el imperio Inca en manos europeas y al momento de continuar la ocupación hacia el sur, aprovecharon a sus lenguaraces para relacionarse con los pobladores del nuevo territorio. En aquellos tiempos, el Kakán decayó rápidamente, acentuado por el extrañamiento de algunas parcialidades del valle Calchaqui; siendo casi exterminadas, repartidas y encomendadas en tres ocasiones. La primera aconteció a poco de sofocado el alzamiento del cacique Chalimín en 1630; la siguiente sucedió posterior al fracaso de la resonada rebelión incitada por el falso inca Pedro Bohórquez en 1658, y en último lugar, la desarticulación ocurrida por los sangrientos triunfos en las guerras que por poco más de un lustro encabezara el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta desde 1659. Muchos de los pueblos fueron desarraigados y trasladados por los encomenderos a sus haciendas, muchas en lugares distantes y de acuerdo a la situación del momento. En varios casos, los desnaturalizados fueron “(…) destinados a los alrededores de la ciudad de Nuestra Señora de Talavera de Esteco y el valle de Choromoros; en menor número a encomiendas ubicadas en el valle de Lerma y los casos de Taquigastas trasladados a Palpalá y una buena parte de la tribu de Luracatao a la estancia de San Juan Bautista de Perico (…)”. Brevísima reseña que refleja una mínima parte de la dispersión de pueblos de habla Kakana que, al ser sometidos, fueron introducidos en ambientes completamente desconocidos y en los que sobrevivieron interactuando con grupos chaqueños, igualmente extrañados. Entre algunos lingüistas destacados, Antonio Larrouy refiere que “en 1683, en Tocpo (Tucumán) los indígenas extrañados de Catamarca aún hablaban mal el quichua porque comúnmente hablaban su propia lengua; los viejos sólo sabían la lengua calchaquí y muchas mujeres no hablaban ni entendían el quichua. En 1713, en Campogasta (Chumbicha - Catamarca) una mujer calchaquí, todavía no pronunciaba bien el idioma del Cuzco y sólo se acomodaba al suyo”. De la antigua gobernación del Tucumán el Padre Barzana informó que “Las lenguas más generales que tienen los indios de esta tierra son la Kakana, Tonocoté y Sanavirona; la Kakana usan todos los Diaguitas y todo el valle de Calchaquí y el valle de Catamarca y gran parte de la conquista de La Nueva Rioja, y los pueblos casi todos que sirven a Santiago del Estero, así los poblados en el rio del Estero, como otros muchos que están en la sierra. Esta lengua está esperando la diligencia de nuestros obreros, porque tiene muchos millares de infieles sin haberse podido acudir a ellos. Hay hecho arte y vocabulario de esta lengua”. Lamentablemente, en el ataque e incendio de la Misión de San Carlos de Tucumanahao ordenado por el falso inca Bohorquez se perdieron todos los escritos que contenían preceptos gramaticales y el extenso vocabulario compuesto por los padres lingüistas Alonso de Barzana y Pedro de Añasco. Quienes, además habían ordenado preceptos gramaticales y escrito una doctrina cristiana, un catecismo, homilías, sermones, un confesionario y plegarias que no llegaron a publicarse. Por el éxito en sus misiones, Barzana indujo a otros sacerdotes a que aprendieran la de cada pueblo para tener más aceptación al predicar en su propia lengua. Hacia fines del siglo XVI y XVII había muchos Jesuitas hablantes de lenguas nativas, algunos de ellos fueron Diego Juárez, Juan Darío, Antonio Rodríguez, Eugenio de Sancho, Juan Viana, Juan Romero y Gaspar de Monroy llegaron a componer canciones devotas y un catecismo; “aunque varios sacerdotes, igualmente resultaban pocos para evangelizar tantas almas”. En 1770, una cédula real ordenaba “que se pongan en práctica medios para conseguir que se extingan los diferentes idiomas indígenas y que sólo se hable castellano”. Gerónimo Matorras, en su segunda gobernación tomó duras medidas “(…) desarraigar las lenguas nativas e imponer el castellano, creando escuelas para enseñarlo y en la práctica de la doctrina; obligando a los españoles a que en sus casas y haciendas se dirigiesen en castellano a criados y sirvientes; y la obligación de hablarlo para ser nombrado cacique, funcionario o en algún cargo jerárquico (…)”.
La lengua de los Diaguito – Calchaquíes
El destacado especialista Ricardo Nardi después de estudiarla durante algunos años, concluyó “la existencia de dialectos dentro del Kakán surge con claridad de una afirmación de Lozano, que escribió “(…) las parcialidades del valle de Calchaquí hablaban un mismo idioma Kakán, aunque los Diaguitas y Yacampis le usaban más corrupto (…)”, siendo hoy la fuente más importante que explícitamente consigna voces Kakanas; rescató que la expresión Ahaho “(…) el nombre, pues, de Tucumán se tomó de un cacique muy poderoso del valle de Calchaquí llamado Tucma, en cuyo pueblo que se decía Tucmana haho -nombre compuesto de dicho cacique, y el de haho que en lengua Kakana, propia de los Calchaquíes, quiere decir pueblo-. A la verdad, era uso común de estas provincias, intitular los pueblos del nombre de los caciques, como se reconoce en el idioma lengua misma Kakana en los pueblos de Colalahaho, Jaymallahaho”. Por otro lado, en los primeros años del siglo XX, los primeros etnógrafos que recorrieron los más recónditos parajes de nuestra geografía alcanzaron a reconocer ciertas palabras, nombre de lugares y voces de gran valor que han perdurado en el tiempo, y pudieron comenzar a reconstruir algunos aspectos de su estructura, intentando un modelo de descripción e interpretación lingüística, tratando también, de delimitar las áreas en que se habló de acuerdo a la toponimia. La licenciada Rita Cejas, gran impulsora de su recuperación, trabajó en colaboración con la reconocida lingüista Beatriz Bixio y un equipo de especialistas, sobre testimonios de los “Comuneros de la base Talapazo, Comunidad India Quilmes, para publicar la obra Tiri Kakán” como material de difusión y apoyo a la enseñanza de la lengua. Con fuerte convencimiento y conocimiento, a la par que hablante, Rita afirmaba “aunque para la ciencia se trata de una lengua desaparecida, el Kakán ha sobrevivido como lengua familiar y ritual de manera oculta, más o menos secreta, en boca de algunos miembros de la comunidad de los Kelm(e)-Quilmes- en la provincia de Tucumán. Incluso es muy posible que también sea conocida por integrantes de comunidades Diaguitas tanto en Tucumán como en Salta, Catamarca y La Rioja”. La licenciada Rita del Valle Cejas, fue Directora Regional del Concejo Federal del Folclore Argentino -COFFAR-, esforzándose por difundirla hasta sus últimos días.

La lengua Kakana o Kakán, aunque omitida y negada, permanece en el tiempo.

 

LA LENGUA KAKAN - LA GRAN INCOGNITA

Por Ing. Agr. Daniel Ricardo Herrera

La infancia pasó como un gran vuelo de cóndor, donde todo lo que observaban mis ojos se transformaba en misterios, que apiñados en un rincón, no sé si de la memoria o el corazón, crearon una pequeña hoguera de preguntas sencillas, emanadas sobre el tiempo de mis ancestros: ¿Quiénes eran?, ¿Dónde están?, ¿Cómo hablaban? ¿Desde cuando estaban? Solo quedaban “las antiguas” de varias culturas arqueológicas, sacadas por los huaqueros, que ante mis ojos solo eran mudos testigos de un pasado insondable.
Mientras crecía, escuchaba a mi madre decir: ¡Vivimos dentro de un porongo! Belén es un valle rodeado de cerros, como un gran abrazo, donde solo nos deja el sur, por el que entra soplando Huayrapuca, para darnos el único horizonte teñido de color greda, cocinada al sol en tierra y sangre de los ausentes, y yo, con mi infancia a cuestas, salía a su encuentro corriendo en contra, con mi pecho desnudo y mi honda colgada al cuello. Por supuesto ignoraba lo que significaba Famayfil, su verdadero nombre, que los años me llevaron a comprender que posiblemente significara: “el abrazo que inicia o engendra”, de fama o wama: “engendrar o procrear” (156/163), y mafüln: “abrazo” (131/112). Que casualidad. La quebrada al norte de Belén, es el único paso natural entre la región andina acuñada en el valle de Hualfín, y por el sur  la región de influencia araucana. ¿Es casual acaso, que el departamento riojano limítrofe con Catamarca se llame Arauco? Y que hay de cierto, de que el sabio don Florentino Amehino, opinaba que el idioma aymara, había migrado desde el sur donde terminan las yungas, en los valles catamarcanos a las planicies del Alto Perú, dejando atrás su cuna de origen llamada proto-aymara? y, ¿Qué hay de cierto en la opinión de algunos autores sobre las migraciones araucanas hacia el noroeste argentino? Es casual que Belén se conozca como el potosí de la arqueología argentina y albergue en su seno las hadas hilanderas y tejedoras de lanas de oveja a las de vicuña, por lo que se le conoce como “la cuna del poncho”?
Agosto con sus vientos se llevaba los abuelos, y los que quedaban se aferraban a sus melgas de vid y alfalfa, con el sabido rezongo expresado a modo de resignación: ¡Ya viene el zonda a secarnos las chacras! Sin saberlo, escuchaba expresar el milenario miedo a las hambrunas, a pesar de los rituales del humaniyoc enviando su rogativa a través de la huilla, “la que avisa”, al hacedor de las calamidades, el siniestro Chiqui que pircaba su pucara de invierno, para avanzar sobre el territorio, con sus legiones de sequía y hambre.
Pero ahí estaba el yalí, el taco o algarrobo, de pie, chumando el (agua) en las entrañas del arenal para engendrar la primavera en una orgía de pichuscas, e iniciar la changa de llenar de miel las doradas vainas y derramarlas sobre la tierra y el hambre. Nuestro hombre nunca dejó de ser recolector, aún con el as de espada en la mano: el maíz. La aleatoriedad del clima así lo aconsejaba desde el inicio. Se acercaba enero, la llegada de Puyusca con su cántaro de aguas, hoy llamada sudestada, para regar la esperanza y ahogar el olvido de la sequía pasada.
En rondas de cuentos, donde el miedo se comía hasta los huesos, en la algarabía de las farras, en los carnavales donde las comparsas perfumaban el aire y el pueblo saboreaba la alegría de vivir, luego de la cosecha de algarroba, que aseguraba el tránsito de la prole sin necesidades en el próximo invierno, nacía como el ave fénix el pujllay, dios de la alegría, hijo de la chaya, el carnaval del hemisferio sur, licenciando los tabúes y las chinitas. En ese marco escuchaba a los viejos pronunciar palabras ya extinguidas, como minga, choco, pishi, achuma, shula, colcol, y otras tantas, que hoy son relitos en extinción. Mi padre por su parte, en sus viajes me obnubilaba con los topónimos, y yo solo soñaba con saber su significado.
La pregunta que más rondaba por mi mente era: ¿Cómo puede desaparecer de un plumazo el idioma de una nación cuyo territorio se extiende. Digo bien, SE EXTIENDE desde Coquimbo hasta el norte de Copiapó, ocupando la región del Norte Chico, con cinco valles transversales, donde a la fecha se inscriben 45 comunidades diaguitas; desde el Pacífico hasta el Río Dulce, o Misquimayo dirían los quichuistas, o mejor dicho el nombre muy anterior Peti, que significa camino en kunsa (01/92). ¿Era casual la merced de tierras otorgada al genocida y conquistador Diego de Almagro, llamada “Gobernación de la Nueva Toledo”, sobre un territorios de los 14 a 25ºls, y desde la costa del Pacífico con extensión de 100 leguas hacia el naciente, llegando al centro del territorio de Córdoba? Y ¿Qué decimos de la presencia de los calchaquíes del norte santafesino sobre la costa del Paraná?
De norte a sur dentro del territorio argentino, la presencia de la lengua kakana se extendía desde Casabindo o Casawindo, en la puna jujeña, donde Pedro Sotelo de Narváez dice: “cerca de la puna de los indios casabindos, que están cerca de los chichas cuya lengua hablan, además de la natural suya que es la diaguita” (80/67), a más prueba, tenemos la laguna, el cerro de 3869m, y un paraje, todos de nombre Cochagasta (pueblo de la laguna), donde gasta indica que hubo un pueblo, ubicados a 20km al este de Casabindo (Hoja 3c-Abra Pampa-Serv. Geo. Nac.), sin considerar la presencia del pueblo de los tomatas, cuya autodeterminación era copiapoes, asentados en el valle de Tarija, a la llegada de los españoles, posiblemente mitimaes desde la época del 11º inca Huayna Capac.
Por el sur, los rasgos de influencia se extienden hasta la mitad de Mendoza, donde abundan los patronímicos kakanos, e inclusive el valle de Uco, que significa “arcilla blanca” en kakán, y para mas dato, territorio de la cultura Agrelo, antecesora la cultura Molle, etapa temprana de los diaguitas chilenos. Luego llama la atención el nombre Hualfín, de un cacique pehuenche de Neuquén perseguido en 1879 por las fuerzas de Expedición del Desierto hasta la frontera con Chile (501/134).
En lo que respecta al ancho del territorio de influencia en suelo argentino, es posible intentar un límite este con la sierra de Horcones, al oeste de la cual se registraron las varias fundaciones derivadas de Esteco, como el topónimo Yatasto, “esquina de las víboras”; prolongando al sur la costa oeste del río Dulce, donde esta en demasía documentada la presencia de poblaciones diaguitas, con la terminación gasta, además de ser íntegro territorio de Cacanchíc, deidad de la fertilidad.
El norte de Córdoba, donde resido desde el año 90, y me desempeño como extensionista del INTA, me permitió recorrerlo y conocerlo en sus siete ecosistemas, desde los humedales del río Dulce, hasta las salinas Grandes o de Chulun y la de Ambasgasta, significando ello, abrir una gran Caja de Pandora, con su Cerro Colorado, que alberga la tercera concentración pictográfica de nuestras América del Sur, luego del Río Osmore en Perú y la quebrada de Iquique en Chile. Reserva casi olvidada por los cordobeses, que recién en menos de una década, la Universidad de Córdoba realizó la creación de la carrera de Antropología, luego de cuatro siglos de trayectoria, siendo la tercera fundada en 1613, luego de San Marcos, de Perú en 1551, y Santo Tomas, de Colombia en 1580. Pregunto: ¿Será esta la razón por la cual, hasta ahora no se conoce o existe ningún registro de las lenguas locales como el comechingón y sus dialectos?
En este contexto geopolítico, es de destacar la importancia del centro de riego más grande e importante del Tucumán en la época de la conquista, como lo era la provincia indígena de Quilino con una treintena de pueblos indios, con sus dos acequia de riego, la Ibramampa y la Chimampa, auto adjudicadas en encomienda por Gerónimo Luis de Cabrera, a meses de realizar la fundación de Córdoba. ¿Será este el motivo de la desobediencia al virrey, que le costó la vida alrededor de un año después, por no fundar una ciudad entre Salta y Jujuy, para asegurar el camino entre el Tucumán y Lima? Y no como cuenta la historia oficial, que “hizo la fundación de Córdoba, buscando la salida al Mar del Norte o Río de la Plata”, idea robada a su antecesor Aguirre. Otro dato a destacar, es el área de Valle Fértil en San Luis, donde se encuentran numerosos patronímicos originarios de los valles de Abaucán y Andalgalá, del oeste catamarqueño, signo de la expansión lingüística del kakán, sin dejar de mencionar a los michilingües de más al sur.  
Así nació la búsqueda sorda y constante en un camino sin regreso desde la adolescencia, luego en mi vida universitaria inicié la lectura y recolección de términos de origen aborigen, pasando por mis manos infinidad de libros y artículos buscando indicios sobre la lengua kakana, motivándome desde temprana edad, a armar una biblioteca temática que en la actualidad respalda la investigación y búsqueda.
La ausencia dolorosa casi total de información sobre el tema, me obligó a iniciar una búsqueda “en la vecindad”, donde “algo tenía que haber quedado por simple contacto”. Con estas consignas inicié el estudio de varias lenguas, extractando materiales de cada una de ellas, además de recolectar términos en todo lugar posible, abierto a todo tipo de personas en sus oficios, preparación y culturas, como en todo medio donde me fue posible estar, siempre anotando todo tipo de dato relacionado a la lengua.
La gran puerta de entrada fue el libro de don Samuel Lafone Quevedo, “Tesoro de Catamarqueñismos”, editado en 1875, fruto de su estadía en el oeste de Catamarca, en el paraje Pilciao, donde su familia lo envió a “hacerse cargo de una mina” con sus escasos 20 años, a su regreso de estudios de Europa.
De ahí en más, trabajé en las lenguas: araucano con sus dos dialectos: mapudugún y mapuche; huarpe con sus dos dialectos: allentiac y milcayac; puelche; comechingón con sus dos dialectos: camiare y henen; lule-tonocotec; cunza; aymara; cauqui y jacaru de la sierra sur de Lima; quichua, guaraní; algunas lenguas del Chaco y otras como el vilela que algunos autores consideran como un dialecto cercano al kakán en el área chaqueña.
Grande fue mi sorpresa, cuando entendí que existía una familia de lenguas llamada ARU, que estaban relacionadas en su génesis a la cultura arawac, que partió desde el golfo de Santa Marta, en Colombia hacia el sur, tras siglos de migración sobre el camino de las yungas, las cuales culminan en las sierras de Ambato y Ancasti de Catamarca, pertenecen a esta familia las lenguas muchic, quichua, aymara, cauqui, jacaru (07/13), chango, atacameño, diaguita (73/46), y hay quién arriman a este parentesco, al araucano. Pero mayor fue la alegría cuando inicié la comparación de algunos términos supuestamente kakanos con los materiales del cauqui, lengua que se considera como la más antigua de la citada familia, hoy refugiada en la sierra sur de Lima, en dos o tres poblaciones como Tupe con solo diez ancianos hablantes. Más aún, infinidad de términos adjudicados al quichua en la actualidad, son pertenecientes al cauqui.
Con el transcurso del tiempo, logré conformar un banco de datos que en la actualidad supera los 75.000 términos aborígenes de nuestra América del Sur, seccionados en tres líneas, por donde transcurre cada término: a) Archivo general, donde cada término ocupa su lugar de abacedario, lo que permite una inmediata relación con los adyacentes de diferente origen lingüístico; b) Conformación de carpetas temáticas específicas y c) Clasificación en relación a su posible origen idiomático, con la conformación de diccionarios de cada lengua tratada.
Por último, la feliz experiencia de saber la existencia de una hablante kakana, residente en Copiapó, motivo por el cual se realizó un primer viaje de encuentro e inicio de una relación, cuyo nombre es Karen Aravena Álvarez, con la cual  acordamos un método de trabajo que a la fecha está dando sus primeros frutos. Pero la alegría no estaba para nada completada, faltaba conocer a alguien de la misma importancia de este lado de la Cordillera, la Sra. Rita “Huayra” Cejas, que es la única persona que puede explicarnos el misterio de cinco siglos, sobre el profundo silencio de la lengua, donde autores e investigadores de la talla de Perito Moreno,  Lafone Quevedo, Adán Quiroga, Joaquín V. Gonzalez, Benedetti, y muchos otros, se fueron con las manos vacías y lo amargo de la duda en las entrañas, sobre la existencia real de la lengua.

Villa de María del Río Seco, Córdoba, 03 de Agosto de 2018.

 

 

Todos los derechos reservados portaldesalta 2010 - 2016