Por el Cnl (R) Juan
Carlos Jones Tamayo
umusla es un combate poco conocido
pero en realidad radica su importancia en haber sido la última
acción armada de los españoles en América del
Sur.
Como consecuencia de las victorias
americanas en Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de
diciembre de 1824), España perdía los territorios
de Ecuador y Perú donde, por más de tres siglos, había
extraído grandes riquezas para las arcas de la Corona. Previamente,
como consecuencia de las “Guerras por la Independencia”,
había tenido que abandonar el entonces Virreinato del Río
de la Plata, las Gobernaciones de Paraguay y Montevideo y la Capitanía
General de Chile.
Pero, por disidencias internas entre
los Comandantes españoles[1]- el liberal José de Canterac
en el Perú y el monárquico absolutista Pedro Antonio
de Olañeta en el Alto Perú-, las tropas realistas
de esta última región (hoy Bolivia) no habían
participado en las batallas de Junín ni en la de Ayacucho
y se encontraban intactas en territorio altoperuano a ordenes del
Brigadier General Olañeta.
Olañeta (1789-1825) durante
las Guerras de la Independencia siempre configuró una amenaza
para las actuales provincias del noroeste de la Argentina; comerciante
español, radicado en Salta, donde estableció un vasto
comercio en el Virreinato del Río de la Plata, especialmente
entre Potosí y Buenos Aires; profundamente conservador, absolutamente
católico y totalmente leal a la Corona de España.
Ofreció sus servicios al ejército realista después
del 25 de mayo de 1810, cuando las fuerzas patriotas iniciaron la
expansión de la Revolución de Mayo.
Sus recursos económicos y humanos, sus numerosos e importantes
contactos con políticos, militares, eclesiásticos
y comerciantes, su conocimiento del terreno y de la idiosincrasia
de los lugareños, su aguzada inteligencia para aprender los
procedimientos militares, hicieron de él un valioso elemento
para el Ejército español. Luchó contra las
fuerzas patriotas en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio,
Ayohuma y Sipe Sipe.
Después de 1816, encontrándose el General San Martín
absorbido en la formación del Ejército de los Andes
para llevar a cabo su “Plan Continental”, la lucha en
Jujuy y Salta se convirtió en una operación defensiva,
de contención, más que en el teatro de las operaciones
bélicas como había sido desde 1810 hasta entonces,
trasladándose a Cuyo y luego a Chile el esfuerzo principal
de la guerra.
Aprovechando esta coyuntura, Olañeta invadió reiteradamente
la Provincia de Jujuy, ocupando su capital en 1817 y estableciendo
allí su cuartel general; intentó tomar Salta pero
fue derrotado por el responsable de la defensa del norte argentino,
el General Martín Miguel Juan de Mata Güemes. Esta acción
defensiva era necesaria para que San Martín pudiese continuar
su ofensiva contra las tropas realistas de Chile y Perú.
Es así como, a principios
de 1825, este General realista había concentrado sus fuerzas
en Potosí, aunque bastante disminuidas por las deserciones.
Los patriotas altoperuanos proclamaron
la independencia el 22 de enero de 1825 y el patriota General José
Miguel Lanza ingresó a la ciudad de La Paz con sus tropas,
salidas de las republiquetas de Ayopaya e Inquisivi, tomando posesión
de la misma el día 23.

Mariscal Sucre
El 29 de marzo llegó a Potosí
el Mariscal Sucre, llamado por los altoperuano “El Mariscal
de Ayacucho”, ascendido a ese máximo grado militar
por el Congreso del Perú. Horas antes, había abandonado
la ciudad el Comandante realista para unirse al resto de sus fuerzas
acantonadas en Tumusla[2]. Allí comprobó que sus soldados
se habían pronunciado por la causa americana, encabezados
por su segundo, el Coronel Carlos Medinaceli.
Por el deseo de restablecer su autoridad
y continuar las acciones bélicas contra los americanos, el
1 de abril de 1825 Olañeta ordenó a la tropa que lo
acompañaba desde Potosí, que atacaran a los rebeldes
y en esa acción se produjo el Combate de Tumusla, donde el
General Olañeta perdió la vida[3]. De esta manera,
casi desconocida, en Tumusla cayó el último baluarte
de los españoles en América del Sur y quedó
consolidada la libertad americana. Así quedo cristalizado
el sueño de los generales San Martín, Belgrano, Güemes,
Artigas, O’Higgins, Bolívar, Sucre y tantos patriotas
americanos más.
Reflección:
De todo lo narrado, surge una reflexión
principal: ¿Por qué el ocaso del predominio español
en la Guerra de la Independencia americana, no obstante la notoria
superioridad numérica, de materiales y de adiestramiento
de las fuerzas realistas que defendían el pendón de
España en América?
En 1820 la revolución encabezada
por Rafael de Riego, en Cádiz, había impedido el envío
de una poderosa expedición militar con destino al Río
de la Plata, mientras que en España obligaba a Fernando VII
a someterse a la Constitución liberal.
Aquella circunstancia política
originó, tanto en España como en América, el
enfrentamiento de absolutistas y liberales, viéndose reflejado
en las filas de los ejércitos realistas, donde también
se produjeron escisiones, originando desacuerdos entre los mismos
generales españoles que luchaban contra los patriotas americanos.
A la luz de los hechos surge claramente
que éste fue el principal motivo del debilitamiento y posterior
derrota del Ejército realista en Junín, Ayacucho y
en el Alto Perú. El Ejército español en América
del Sur fue batido por partes.
La enseñanza de esta reflexión
es que las ideologías no deben anteponerse a los objetivos
de la Nación.
Bibliografía consultada:
- Todo es Historia; Biografía de Pedro Antonio de Olañeta.
- Diario Opinión, Bolivia (14 de enero de 2003), La Batalla
de Tumusla, por Floren Sanabria G.
[1] El enfrentamiento, en España y en sus colonias, entre
absolutistas y liberales.
[2] En el actual Departamento boliviano de Potosí, aproximadamente
a 180 kilómetros al norte de la ciudad argentina de La Quiaca
(Jujuy).
[3] Dos meses después, irónicamente, Fernando VII
(ignorando su muerte), lo recompensó con el nombramiento
de Virrey del Perú.