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El Patrimonio Cultural Intangible o Inmaterial

Por Silvia P. García

Definición:

El hombre, como  ser social, modifica su medio natural, construye obras arquitectónicas y urbanísticas, moldea objetos, en definitiva, crea, diseña y produce bienes materiales concretos y tangibles. Estas expresiones adquieren un sentido completo sólo cuando puede revelarse, más allá del objeto en sí, su valor subyacente. El hombre construye también otro tipo de manifestaciones a las que les otorga una  significación particular, las que se expresan en una forma intangible e inmaterial. Son los bienes que dan cuenta de una identidad enraizada en el pasado, con memoria en el presente,  reinterpretadas por las sucesivas generaciones, que tienen que ver con saberes cotidianos, prácticas familiares, entramados sociales y convivencias diarias. Estos bienes hablan, por ejemplo, de la singularidad de ciertos oficios, músicas, bailes, creencias, lugares, comidas, expresiones artísticas, rituales o recorridos de "escaso valor físico pero con una fuerte carga simbólica". A esta suma de patrimonios diversos denominamos Patrimonio Intangible. Todas sus manifestaciones son complejas, dinámicas y por lo tanto modificables y mantienen una interdependencia mutua. Tanto el Patrimonio Tangible, como el Intangible componen el Patrimonio Cultural de cada grupo social. Se construyen históricamente, como resultado de las interacciones sociales, y otorgan especial sentido de pertenencia e identidad a la sociedad que los originó. Mantienen entre sí una relación dialéctica ya que lo "tangible logra mostrarse en toda su riqueza en tanto deja al descubierto su alma intangible. Por su parte lo intangible se vuelve más cercano y aprehendible en tanto se expresa a través del soporte de lo material". El Patrimonio Intangible impregna cada aspecto de la vida del individuo y está presente en todos los bienes que componen el Patrimonio Cultural: monumentos, objetos, paisajes y sitios. Todos estos elementos, productos de la creatividad humana, y por lo tanto hechos culturales, se heredan, se transmiten, modifican y optimizan de individuo a individuo y de generación a generación.

Gran parte del patrimonio de los pueblos es invisible, porque reside en el espíritu mismo de sus culturas y subculturas.   

Introducción:

El estado argentino manifestó interés en el rescate del patrimonio tradicional, especialmente el inmaterial, al menos desde 1921 en el que el Ministerio de Educación organizó la llamada Encuesta del Magisterio con las respuestas de la cual se formó la Colección de Folklore. Esta consiste en aproximadamente 88.000 páginas manuscritas elaboradas por maestros de escuelas nacionales primarias en todo el país. Constituye un registro invalorable del relato oral argentino, que ha permitido condensar por escrito aspectos de la cultura popular, en un corte temporal que se realizó en toda la extensión del territorio de nuestro país. Testimonia un proyecto político centrado en la representación de la nacionalidad argentina a través de sus expresiones culturales hispano-indígenas.

El material a recolectar debía referirse a tradiciones populares antiguas nacionales y/o locales. Para llevar adelante esta tarea, el Consejo Nacional de Educación, elaboró unas instrucciones para  los maestros que proponía la siguiente clasificación:

1. Creencias y costumbres
2. Narraciones y refranes (tradiciones populares, fábulas, anécdotas, leyendas, cuentos, refranes, adivinanzas)
3. Arte
4. Conocimientos populares

El material así recolectado que está depositado en el INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO, ha dado lugar a numerosos estudios sobre cuentos, poesía, creencias y tradiciones de todo el país, aún se sigue consultando y en este momento acaba de ser microfilmada.

El interés en el estudio de esta parte del patrimonio inmaterial que podríamos llamar a grandes rasgos “folklore”, continuó en la década del 40 del pasado siglo con la creación del Instituto de Musicología dirigido por Carlos Vega quien estudió la música tradicional criolla e indígena de la Argentina y el Instituto Nacional de la Tradición (hoy INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO) dirigido por Juan Alfonso Carrizo, recopilador y editor de los cancioneros tradicionales del Noroeste argentino (de ambos Institutos así como de la Encuesta de Folklore pueden consultarse detalles en las fichas de Instituciones Gubernamentales).

Asimismo como recolectores y editores de cuentos tradicionales podemos mencionar, entre otros, a la Dra. Berta Vidal de Battini quien en 12 volúmenes terminó de publicar en la década del 70 sus recopilaciones de cuentos llevadas a cabo durante más de 30 años y a Susana Chertudi, quien publicó, como investigadora del INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO, dos volúmenes de cuentos tradicionales en la década del 70.

En cuanto a las Artesanías, el Fondo Nacional de las Artes desde 1960 ha apoyado mediante su estímulo a la producción artesanal y ha otorgado premios y subsidios para investigaciones en folklore. Hace más de 30 años la mayoría de las provincias han creado mercados artesanales más o menos exitosos que han tratado así de evitar la extinción de este saber. El estado nacional creó en 1985 el Mercado nacional de Artesanías que funciona en la ciudad de Buenos Aires.

Otros aspectos del patrimonio inmaterial como las festividades no han contado con tanto apoyo a nivel estatal.

La actualidad 

La Argentina, dentro de los países de América del Sur, tiene sus particularidades poblacionales. A grandes rasgos es un país con escasa población indígena y con una absoluta mayoría de población criolla y de descendientes de inmigrantes europeos.

En los últimos 40 años nuestro país ha recibido también grandes contingentes de inmigrantes de países limítrofes -especialmente Uruguay, Paraguay y Bolivia- y más cercanamente asiáticos, especialmente coreanos que se suman a un también tradicional migración japonesa.

Estas características afectan como es natural a sus manifestaciones culturales y a lo que pudiéramos considerar patrimonio tanto tangible como intangible.

Paradójicamente, aunque la población mayoritaria, especialmente de las zonas económicamente mejor posicionadas, es la descendiente de inmigrantes europeos, no es la que ha aportado más al patrimonio intangible de la Argentina y tampoco es el de ellos el patrimonio más estudiado o el que se considera que hay que proteger. Salvo manifestaciones muy locales no encontramos aportes significativos o enriquecedores al folklore, la narrativa popular, las artesanías o las fiestas que se hayan considerado patrimoniables.

Por el contrario, a pesar de su posición social y económica marginal, las manifestaciones culturales indígenas o criollas son a las que todos se refieren cuando estudian o recuperan el patrimonio intangible o inmaterial.

Una excepción sería la ciudad de Buenos Aires en cuyo patrimonio tangible e intangible ha tenido mucho que ver la inmigración europea e incluso la escasa población africana de la época colonial, como por ejemplo el carnaval, y el tango.

Grupos de inmigrantes muy localizados en otras partes del país han conservado su patrimonio –los galeses en Chubut o los polacos en Misiones por caso- en lo cual ha tenido que ver su asentamiento como “colonias” durante mucho tiempo, cosa que no sucedió con la gran inmigración europea italiana y española que a su gran volumen sumó el no haberse asentado, en general, en espacios acotados y exclusivos, lo cual motivó su rápida inclusión y aceptación por parte de la población local y la consiguiente pérdida de su patrimonio tradicional.

A la hora de hablar de una identidad nacional, al menos desde principios del siglo XX, la imagen del gaucho ha sido la arquetípica en la Argentina.  

Festividades –Las tradicionales fiestas de los santos similares a otros países de ibero América siguen teniendo gran importancia en muchas provincias argentinas, algunas de ellas conservan elementos muy antiguos y específicos como son el baile con los “cuartos” de animal (fiestas de algunos santos como  Santiago en el Noroeste Argentino), o la fiesta de San Juan Bautista incluyendo la caminata por las brasas en varias provincias del Noreste Argentino. También están vigentes algunas fiestas tradicionales de grupos indígenas como el Carnaval chiriguano-chané o el Nguillatún entre los mapuches del sur del país, fiestas, sobretodo la última acotada a los grupos indígenas que la han transmitido ya que forma parte de su cosmovisión por tratarse fundamentalmente de una “rogativa”.

Más modernas, pero sumamente concurridas son en la Argentina todas las fiestas vinculadas a la producción o el deporte. Son muchas y en múltiples localidades del país, tales, la “Fiesta Nacional del Trigo”, “del ternero”, de la pesca de determinados peces,  “de la papa”, “de la flor” organizada por los cultivadores de flores de origen japonés, “del maíz”, de la “Vendimia”, etc.

Por otro lado procesos de reetnización y valoración del pasado indígena en los últimos años ha reinstalado y reinterpretado la fiesta de la Pachamama o la revalorización de alimentos prehispánicos como la variedad de papas andinas o la quinoa. No es ajeno a esto el que a partir de 1994 la Argentina ha declarado constitucionalmente su reconocimiento como  país multicultural y pluriétnico a través del reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los Pueblos Indígenas, garantizando  - entre otros derechos - el respeto a su identidad, y el derecho a una educación bilingüe  e intercultural (Art. 75 inc. 17) y otorgando al Congreso Nación la atribución de dictar leyes que protejan la identidad y pluralidad cultural, la libre creación y circulación de las obras del autor; el patrimonio artístico y los espacios culturales y audiovisuales (Art. 75 inc. 17).

Esta visión pluralista considera que el patrimonio cultural se hace y rehace cada día y  no es ni fundamental, ni exclusivamente  lo que se preserva en los MUSEOS, sino aquello que se recrea en cada copla, cada fiesta, cada pieza de artesanía, y cada plato de comida.  Le pertenece al pueblo actual, en un proceso continuo de construcción de su identidad, recibiendo una tradición particular de las generaciones pasadas que se pone en acto en función de su situación presente.          

Merece una mención el tema de la la producción artesanal en nuestro país; ésta no ha sufrido como en otros de la región, la influencia de la producción masiva, por no haberse producido, hasta ahora el consumo masivo que deriva de una gran afluencia turística. Esto ha redundado en la preservación de una gran autenticidad. Las artesanías criollas e indígenas continúan siendo  producción y muchas veces comercialización familiar y su conocimiento se transmite  por generaciones a través del ejemplo y de la ayuda que los niños brindan a sus mayores. Los valores estéticos del tejido, la cestería, la madera y el cuero son notables y, en este momento, gracias a la situación económica general del país, que hace que se produzca en términos mundiales, a muy bajo precio, es una interesante aporte a la economía familiar.

Mención aparte merece el crecimiento notables de las organizaciones que rescatan el “Tradicionalismo” y las fiestas vinculadas a las destrezas ecuestres y al gaucho. Es un fenómeno que ha crecido en silencio y que mueve a miles de personas a lo largo y ancho del país. 

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